Editorial


Retorno a la normalidad

“Aunque no debemos esperar muchos cambios hacia Latinoamérica, todo, después de Trump, es susceptible de mejorar, incluso para Colombia (...)”.

No de todos los políticos se puede decir, como de Joe Biden, que se las sabe todas. Como pocos, el nuevo presidente sabe quién es quién en el mapa geopolítico global; y, a nivel interno, puede llamar por su nombre a cada personaje de cualquier sector de su nación. ¿Cuántos ciudadanos han llegado mejor informados y preparados al cargo público más importante del mundo?

Su discurso de posesión es un fiel reflejo de su talante conciliador, comprensivo, compasivo, pero también patriota, categórico y determinado. Como además es cultor de esa clase de lealtad que llevó a Barack Obama a señalarlo como el mejor vicepresidente de la historia de EE. UU., goza de un prestigio y un don de gentes que le hacen fácil ganarse la confianza de quienes no le conocen y de acortar caminos con los contradictores. Es el hombre ideal para reemplazar a aquel que gustaba de levantar muros y enristrar primacías raciales; por lo tanto, su papel central lo jugará en la recomposición de la política interna y de las relaciones internacionales.

Por su parte, la vicepresidenta Kamala Harris, por su historia y por su origen, es la fórmula ideal para recuperar la confianza de las minorías étnicas y de género, con lo cual muy pronto esas fisuras en el alma americana serán suturadas para retornar al inevitable nivel de tensión que se vivía antes de los años de Trump, pues las diferencias ideológicas entre dos visiones dispares de la vida, que allá se encarnan en demócratas y republicanos, existían antes del mandato del saliente presidente, quien vino a exacerbarlas a grados irracionales. Su mensaje, centrado en la necesidad de superar la polarización política y lograr una mayor unidad nacional, y la lucha contra el coronavirus, serán los temas en que se oficiará a fondo durante 2021.

Pero vienen mejores días para el compromiso global de cuidado del planeta, la promoción de los derechos humanos y el de los trabajadores asalariados, la redefinición de la política migratoria, las relaciones internacionales y el fortalecimiento de los organismos multilaterales.

Será interesante ver cómo los europeos se reacomodan con un estadista que les puede devolver el derecho a jugar un papel relevante entre los países en desarrollo y frente a sus vecinos de Oriente. Pero más interesante aún será el nuevo diálogo con su más enconado contrincante en la preservación del liderazgo mundial –económico y militar–. La milenaria China debe estar reescribiendo la estrategia de relacionamiento con el líder de la nación a la que le sustrajo el conocimiento tecnológico que hoy los tiene a las puertas de desplazarlos de la primacía mundial.

Aunque no debemos esperar muchos cambios hacia Latinoamérica, todo, después de Trump, es susceptible de mejorar, incluso para Colombia, pues ya Biden ha dicho que la seguridad y la prosperidad de este hemisferio dependen de una alianza cercana y eficaz entre su país y el nuestro.

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