Retos advertidos

24 de junio de 2019 12:00 AM

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En reciente editorial nos referimos a la Disneylandización de algunas emblemáticas ciudades catalogadas como patrimonio cultural de la humanidad, que no supieron prever con inteligente antelación los riesgos de una masificación desordenada del turismo.

Esas ciudades hoy reconocen que no hicieron con tiempo estudios de la oferta y la demanda turística específica para sus respectivas realidades, ni crearon mecanismos y sistemas dirigidos a prevenir o minimizar los fenómenos naturales que vienen parejos cuando el creciente turismo no es diseñado por los territorios, sino creado por los agentes económicos desarticulados.

En todo caso, se debe partir de la base que sería miope no aceptar que el avance en las comunicaciones, redes sociales, comerciales y productivas permanentemente crean sistemas novedosos y, en algunos casos, peligrosos; pero la mayoría muy positivos para diversos sectores de la economía moderna, interconectada e internacional.

Para el específico caso de Cartagena de Indias, es necesario que se organice una pronta y eficiente coordinación entre el sector productivo que promueve y brinda los servicios turísticos, y el Distrito.

Son muchas las medidas a tomar desde ahora y, otras a implementarse en su momento, pero que deben estar todas disponibles de manera preventiva, las cuales pueden y deben ser actualizadas permanentemente.

Entre ejemplos de medidas pudieran estar la creación de un registro de casas, apartamentos, hostales y hoteles que ofrecen servicios de hospedaje a través de sistemas como AirBnb, de manera que estén oficialmente registrados y contribuyan con el pago de tributos locales, que pudieran destinarse específicamente a mejorar, refaccionar y mantener la infraestructura de las zonas turísticas y el patrimonio material e inmaterial de la ciudad.

También puede incluirse el diseño de rutas turísticas y horarios de estas para evitar aglomeraciones insufribles y, con ello, conflictos entre los habitantes y los visitantes.

Igualmente, crear un plan de usos para definir las zonas que más despierten interés entre los turistas, lo cual está directamente relacionado con el PEMP y el POT, que están en pleno estudio. De la misma manera, hacer énfasis en la educación de los trabajadores del turismo formales e informales. La formación y educación nativa es indispensable para tener una ciudad moderna, justa y productiva, y eso pasa por poner énfasis en el bilingüismo, en buenas prácticas de manipulación de alimentos, estrategias de atención adecuada a los turistas extranjeros conforme con las realidades culturales de estos, entre otras estrategias pedagógicas más específicas.

Estamos a tiempo para que el Distrito inicie los estudios, en conjunto con el sector privado y demás actores de la industria turística, con miras a contar con plan diseñado para los próximos 10 años, susceptible de adaptaciones a las realidades tan cambiantes y la permanente evolución de los sistemas de comunicación universales.

Sería el colmo de la mediocridad que, advertidos, esos nuevos retos nos rebasen.

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