Editorial


Retos del nuevo rector

“La U de C tiene que abrirse más a Cartagena, su sede natalicia. Y el nuevo rector está apremiado a recuperar un prestigio que no puede dilapidarse...”.

El Consejo Superior de la Universidad de Cartagena ratificó a William Malkún como rector de la institución, como único de los ternados al cargo que superó el umbral para ser elegible.

El nuevo rector obtuvo 767,98 votos ponderados, que correspondieron al 81,92% de los sufragios, con lo cual asciende esa posición con la legitimidad suficiente para organizar equipos de trabajo y desplegar una gestión que recupere el averiado prestigio de la casi bicentenaria institución, tras un proceso electoral que puso en entredicho ante la opinión pública el modelo administrativo, contractual y académico del ente de educación superior.

A pesar de que es el rector más joven con el que ha contado la U de C, su largo recorrido en la institución como docente de la facultad de Ciencias Humanas, jefe de posgrados de esa facultad, vicerrector de Extensión y Proyección Social, y estar doctorado en Ciencias Políticas con varias publicaciones de su autoría, factores que le dan suficientes pergaminos para ostentar tan trascendente cargo, la rutilancia de su nueva posición no puede hacerle olvidar que llega con algunas máculas tras haber sido señalado en la agria campaña que concluyó con su elección, entre otros, de presunto direccionamiento y manipulación de contratos.

Aunque esas imputaciones no pasarán de ser meras conjeturas si ninguna investigación prueba lo contrario, es innegable que, de la campaña, tanto su imagen como la de la Universidad sufrieron quebrantos, lo cual requerirá de un esfuerzo consistente dirigido a recuperar el lustre que tanto la institución como su principal cargo merecen y necesitan para granjearse el respeto de la comunidad universitaria y de la sociedad en general.

Entre las estrategias de recuperación de la estimación y admiración ciudadanas podría la nueva administración revisar la aplicación en la práctica de la Autonomía Universitaria (AU). No conviene que se confunda la AU, como garantía constitucional que se manifiesta en su libertad de auto organización y auto regulación, con vivir de espaldas a una comunidad que le aporta sus directivos, docentes, personal administrativo y estudiantes, considerando también que son sus egresados los profesionales que lega a la comunidad donde impactan con sus ejecutorias.

La AU no debe ser la excusa para que la U se maneje como un microcosmos displicente de las realidades sociales más inmediatas; pero, aún más delicado, no puede ser el pretexto para que, en su interior, se maneje con tal margen de albedrío que sus recursos, sustancialmente públicos, pero singularmente devenidos de los contribuyentes, se empleen sin la delicadeza que se demanda del centro que es insignia histórica de la tradición académica.

La U de C tiene que abrirse más a Cartagena, su sede natalicia. Y el nuevo rector está apremiado a recuperar un prestigio que no puede dilapidarse en sus manos.

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