Revelaciones que conmueven

28 de marzo de 2020 12:00 AM

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La semana pasada, desde sus ventanas, los españoles comenzaron a aplaudir todas las noches, masivamente, a los trabajadores de la salud que, sin tregua ni fatiga, luchan contra un enemigo invisible.

Aquel espontaneo reconocimiento fue más que merecido pues los médicos, las enfermeras y todo el personal que atiende en las clínicas y hospitales, son los más expuestos a contraer el nuevo virus que hasta el momento ha cobrado más de 27 mil víctimas mortales en todo el planeta.

Esta semana replicamos ese merecido homenaje colectivo en la ciudad, y desde barrios de todos los estratos, urbanizaciones, condominios y edificaciones, nuestros galenos y sus ayudantes pudieron escuchar y sentir la ovación que les brindamos por nuestros agradecimientos, reconocimiento y admiración.

Pero, al tiempo, desde clínicas y gremios de la salud nuestros médicos cierran la semana con revelaciones que conmueven: las asfixiantes deudas que mantiene el sistema con clínicas y sus trabajadores, y la escasez permanente de insumos junto a la deficiente infraestructura hospitalaria hacen imposible y riesgosa la prestación de los servicios si nos ceñimos estrictamente a los protocolos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por ello, la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas lanzó un SOS para evitar una catástrofe humanitaria cuando llegue el pico de la temida pandemia.

Aseguran los galenos que Colombia cuenta con 12.000 camas para el manejo de pacientes críticos, entre Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y de cuidados intermedios de adultos, ocupadas permanentemente en un 80%; pero lo más grave es que solo del 10% al 15% de estas están adecuadas para recibir pacientes con enfermedades infecciosas como ocurre con el COVID-19. Cartagena, por ejemplo, solo cuenta con 137 camas de UCI, muy pocas para pacientes infectados, y un déficit de 864 camas hospitalarias.

Como es indispensable que los gerentes de los distintos hospitales y clínicas doten al personal a su cargo de los elementos de protección en cantidad y calidad, así como asegurar la desinfección sistemática de todas las superficies de contacto, no se ve cómo los centros hospitalarios puedan alcanzar esos estándares de protección sin que les resuelvan las ingentes deudas que les asfixian.

Se da una voz de alerta al Gobierno nacional así como a los mandatarios locales y regionales para conseguir, a la mayor brevedad posible, recursos económicos, cancelar los sueldos atrasados, adecuar espacios y tener a la mano modernos equipos de ventilación mecánica, monitoreo, insumos y tecnología que permitan el rápido diagnóstico y tratamiento de la enfermedad y, por supuesto, dotación continua e irrestricta de elementos que garanticen la seguridad a los empleados del sector de la salud ocupados en lidiar a los enfermos sin que tengan que exponer sus vidas y la de sus familias.

La próxima vez que aplaudamos a ese “ejército de la salud” que nos protege, arriesgando sus vidas, pensemos en cuántos de ellos lo hacen con el estómago vacío, sin tapaboca y sin un centavo en los bolsillos.

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