Editorial


¿Saltarse la fila?

“Todos tenemos derecho a las vacunas, como todos merecemos estar protegidos contra la peste; pero también hay claridad en quiénes son prioritarios”.

EL UNIVERSAL

09 de abril de 2021 12:00 AM

Ayer, la Contraloría General de la República reveló que 1.241 ciudadanos que no hacen parte del grupo priorizado en la segunda etapa de la fase 1 del Plan Nacional de Vacunación, han sido vacunados, con lo cual, salvo que haya un error en el análisis, algunos colombianos se han saltado la fila contra toda advertencia.

Semanas antes de recibir el primer lote de las preciadas vacunas, el Gobierno advirtió a la ciudadanía de las consecuencias legales que recaerían sobre quienes vulneren el orden de priorización que fijó el Ministerio de Salud, diseñado con dos fases de vacunación, subdivididas en etapas, con meridiana precisión del orden de aplicación de las dosis de conformidad con la edad, o de la prestación de servicios de salud en la primera línea de atención contra este virus, y las comorbilidades.

La persuasión no parece haber surtido el esperado efecto en distintas regiones del país, incluida la nuestra, pues según el informe de la Contraloría, de entre los colados hay 68 residentes en municipios del Departamento de Bolívar, de los cuales 18 se habrían vacunado irregularmente en Cartagena.

Quienes se saltaron el turno pueden hacerse acreedores de sanciones penales; y, si hay complicidad de funcionarios o empleados en los hechos irregulares, podrían aplicarse contra estos, además, medidas disciplinarias.

Pero el asunto trasciende las implicaciones legales; a no dudarlo, estas conductas contienen un desprecio por las categorías morales, y muestran una baja conciencia de la importancia de proteger, en primer lugar, a las personas que claramente se han identificado a nivel global como las de mayor riesgo, no solo de contagio, sino, sobre todo, de muerte; lo cual está asociado, a su vez, a la necesidad de mantener suficientes camas hospitalarias y de UCI a fin de descongestionar la red de salud.

La desconsideración inherente a esta clase de conductas insolidarias es más reprochable si se considera que, en vez de saltarse la fila, lo adecuado es mantener las medidas recomendadas a nivel individual hasta que llegue el turno oficial de vacunación. Esto será aún más claro en pocas semanas, cuando se permita en el país la adquisición, distribución y aplicación de vacunas por el sector privado, lo cual quitará presión sobre el Estado y los entes territoriales, en cuyo caso menos se justificará cualquier decisión dirigida a pretermitir las disposiciones reglamentarias en relación con los turnos de vacunación.

Todos tenemos derecho a recibir las vacunas, como todos merecemos estar protegidos contra la peste; pero también hay suficiente claridad en quiénes son prioritarios. Esperar es un imperativo moral y un deber legal. Por eso, en tanto llega el turno a cada quién, la opción ineludible es profundizar las medidas de cuidado personal que, por cierto, no serán muy diferentes a las que deben adoptar aquellos que ya han sido inmunizados.

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