Editorial


¿Salvar a Edurbe?

“Para Edurbe hay solo dos destinos: o se reinventa para el beneficio colectivo, o se liquida. El alcalde, como su líder natural, tendrá que acelerar (...)”

Provechoso el diagnóstico que, sobre la situación real de la Empresa de Desarrollo Urbano de Bolívar (Edurbe) ha hecho su nuevo gerente, Uriel de Arco Paternina, en reciente entrevista concedida a este diario a propósito del informe que produjo a finales de 2020.

Desde estas páginas, El Universal ha instado a sucesivas administraciones para que cese el uso indebido de esa empresa y se concentre en el objetivo fundacional, que no es otro que el de hacer realidad el programa de canales y lagos de Cartagena. A pesar de esas advertencias, tal como lo ha diagnosticado el gerente De Arco, la empresa arrastra deudas por más de 20 mil millones de pesos, no cuenta con contratos en ejecución, no tiene ingresos ni es sostenible, de continuar en el rumbo que encontró.

El informe del gerente da la razón a tantos ciudadanos que por años han advertido el gran daño que a la institución le hicieron algunas de sus administraciones, que llevaron al fracaso del modelo de negocio adoptado, basado en los convenios interadministrativos que se realizaban con las diferentes entidades públicas, incapaz de cubrir impuestos ni los demás costos y gastos de funcionamiento.

Como está, Edurbe no es autosostenible, con lo cual, en vez de haberle entregado a la ciudad un programa en marcha de canales y lagos tanto para el servicio de transporte público acuático como de turismo, hoy es un fardo incapaz de identificar, gestionar y satisfacer necesidades de la comunidad.

Para Edurbe hay solo dos destinos: o se reinventa para el beneficio colectivo, o se liquida. El alcalde, como su líder natural, tendrá que acelerar con el gerente la afinación de una estrategia sostenible, que derruya las causas que la llevaron a este insólito pero inevitable estado de postración, que pasa por redefinir, primero, la propuesta de valor y para qué se dispondrá la continuidad de su existencia.

Increíble que su principal ventaja, esto es, que se rige con un manual de contratación de derecho privado por asimilarse a una empresa industrial y comercial del Estado, se haya convertido en su principal maldición, pues en vez de emplearse para sacar adelante proyectos ambiciosos pero posibles, que habrían transformado a la ciudad en términos inimaginables ante la pauperización de nuestros cuerpos de agua, fue utilizada para favorecer intereses de grupos politiqueros que la controlaron.

Experiencias frustrantes como Edurbe son las que hacen afirmar, a quienes no tienen una visión romántica de la capacidad de lo público para gestionar riqueza, que el Estado es el peor de los administradores e ineficiente prestador de los servicios que, por el pacto social, se le han delegado.

Se echa de menos que el gerente De Arco no fije como derrotero para la salvación de Edurbe la recuperación de los caños y lagos de la ciudad, para que los cartageneros y visitantes podamos recorrerlos en cuerpos de agua navegables. ¿Para qué más se necesita a Edurbe?

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