Se quedó pequeño

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Ayer finalizó la edición 35 del Festival del Frito Cartagenero, que se celebró desde el 25 de enero en el parqueadero aledaño al Monumento de Las Botas Viejas.

Fueron diez días en los que una vez más se comprobó que este tradicional evento gastronómico, que forma parte de la agenda de las fiestas en honor a la Virgen de La Candelaria, es uno de los más importantes de la ciudad. Solamente en los primeros tres días se vendieron más de 120 mil fritos en las 45 mesas de participantes y las 10 de invitados especiales. Anoche, el Instituto de Patrimonio y Cultura informó que se vendieron 500 mil fritos en total. Era de esperarse, por el gentío que a diario visitaba ese lugar, que una vez más, como en los últimos años, fue un éxito para los organizadores y fritangueros.

Cada mesa vendió por día en un fin de semana, en promedio, no menos de 700 fritos, entre carimañolas, empanadas de carne, empanadas con huevo, arepitas dulces, entre otros, además de otras alternativas para degustar como los dulces y cocteles de camarón. Todos los años, los comensales, locales y turistas, salen contentos por cada sabor y por la excelente atención, sin embargo, últimamente la queja generalizada es que sigue preocupando el espacio donde se realiza, pues se queda corto ante la multitud que llega no solo a comer sino también a disfrutar de los conciertos y conversatorios que allí se realizan.

En la versión del año pasado se tuvieron que cerrar las puertas ante la gran cantidad de personas, esta vez no pasó lo mismo pero sí se notó la incomodidad, sobre todo los fines de semana, cuando más se llenó.

Y es que en el Festival del Frito, además de protegerse la tradición gastronómica y musical de la cumbia con varios eventos relacionados, las emisoras locales también cumplen un papel fundamental al llevar cantantes y artistas que tienen mucha fanaticada en los barrios populares, lo que lo hace más atractivo.

Entonces el tráfico vehicular frente a Las Botas Viejas se complica. A falta de parqueaderos, los conductores de taxis y vehículos particulares se estacionan en plena vía, y las busetas atrás hacen lo mismo. Se quedan esperando que salga un gran número de personas para captar pasajeros y luego sí arrancar y seguir su ruta. El trancón desde el Pie del Cerro hacia el Pie de La Popa es monumental y desesperante. Los que vienen del Centro hacia el mercado de Bazurto tienen que esperar que a los choferes de buses y busetas les dé la gana de moverse, ya que el control del tráfico por parte del Datt no es suficiente, especialmente en horas pico.

Puede ser una buena idea la propuesta del director del IPCC, Iván Sanes, de “hacer dos festivales, uno allí mismo y el otro en el parqueadero del Coliseo de Combate y Gimnasia. Que se hagan presentaciones y se vendan fritos en ambos”.

Queda un año para organizar el próximo Festival del Frito y evaluar las mejores opciones para que con comodidad, mucha más gente pueda disfrutar del festival que hoy por hoy es el más taquillero de Cartagena.

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