Seguridad y cámaras

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El alcalde (e), Pedrito Pereira, le dijo a El Universal que el Distrito arreglaría 80 cámaras de seguridad que ya están instaladas, y que incrementaría las que hay en el Centro e instalará otras en los barrios en donde es mayor la inseguridad, incluyendo El Pozón, Nelson Mandela y Olaya Herrera. Tratará de acelerar al trámite para conseguir 200 agentes de Policía adicionales para la ciudad, y además, instalará 100 alarmas comunitarias.

Es increíble que se puedan dañar 80 cámaras de seguridad y durar meses en ese estado, lo que habla de un mantenimiento inexistente, como suele suceder en tantas otras cosas del Estado. Ojalá este alcalde deje también garantizado un servicio para estos equipos, cada vez más importantes en la vida moderna para esclarecer distintas clases de violaciones a la ley, incluyendo algunos asesinatos.

Los medios electrónicos trabajan 24 horas, los 30 días del mes, y son invaluables no solo para esclarecer delitos, sino para prevenirlos, ya que no dudamos de que algunos maleantes dejan de cometer fechorías si saben que pueden quedar grabados, lo que aumenta notablemente la posibilidad de ser capturados, como ocurrió con algunos involucrados en el carro bomba puesto por el Eln en la escuela de la Policía en Bogotá. Las alarmas comunitarias también son de gran utilidad, y vale la pena seguir incrementándolas.

Todos estos medios son necesarios en los distintos barrios de Cartagena, pero también se necesitan en los pueblos aledaños a esta capital, y en las comunidades rurales que viven en las goteras de algunas de estas poblaciones.

En muchos barrios urbanos y de extramuros hay grupos de WhatsApp entre vecinos, en los que también participan la Policía y algunas otras entidades del Estado. Los ciudadanos, armados afortunadamente con solo un teléfono, son de gran utilidad para la seguridad general, puesto que sus avisos suelen ser en tiempo real y con datos útiles para las autoridades.

Aunque en estos grupos se nota la buena voluntad de las instituciones, también se ve con frecuencia -no siempre- una demora demasiado grande de los distintos agentes para acudir a los sitios donde son solicitados, y si llegan, muchas veces lo hacen cuando ya la posible amenaza o infracción desapareció.

Es fácil entender que en general las distintas autoridades están cortas de personal, incluyendo a la Policía y al DATT, por lo que convendría examinar sus procedimientos para poderlos mejorar, pero también contemplar alianzas que le permitan a la ciudadanía financiar equipos para dichas autoridades donde y cuando eso sea posible, además de otras formas de colaboración que les facilite su trabajo para ganar eficiencia.

Sabemos que lo que más reduciría la inseguridad sería crear muchos más empleos formales, pero mientras tanto, es indispensable proteger a la ciudadanía de toda Cartagena y de sus áreas rurales, en las que cada día más se afianza la delincuencia. Arreglar las cámaras, y poner otras nuevas, es un buen comienzo.

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