Editorial


Seis años

“En suma, son claroscuros que tendrían que llevarnos a la no repetición de lo vivido, y que se niegan a partir; así como nos hacen pensar que, si no es en este gobierno (...)”.

EL UNIVERSAL

25 de noviembre de 2022 12:00 AM

Se conmemoraron ayer seis años de la firma de los acuerdos de paz con las Farc, un proceso que debió cerrar profundas divisiones porque obedeció a un viejo clamor nacional dirigido a la cesación de la guerra, la sangre y el dolor, pero que, después del triunfo del ‘no’ en la consulta al pueblo colombiano, no logró enervar las diferencias que tampoco estos seis años han logrado aplacar.

Pero ha habido logros inocultables, de entre los cuales se pueden resaltar el retorno a la vida política de buena parte de una dirigencia que estaba en el monte haciendo la guerra, hoy comprometidos con la convivencia pacífica; o los más de 13 mil ciudadanos que se han sometido ante la JEP; o la apertura a la escucha de voces que antes se silenciaban; o la implementación de programas como el de obras por impuestos en municipios que padecieron profundamente la guerra; o la entrega del Informe Final de la investigación de más de tres años realizada por la Comisión de la Verdad; o la entrega digna a varias familias de los largamente esperados despojos de sus seres queridos por la Unidad de Búsqueda.

Sin embargo, de los acuerdos y de su ejecución quedan graves asignaturas pendientes que encuentran en el nuevo Gobierno la mejor oportunidad para que se desarrollen precisamente por el palmario empeño en su cumplimiento, tal como se comprometió el presidente Petro desde sus épocas de congresista. Entre esos temas están:

La multiplicación del tráfico de drogas ilícitas precisamente por la expansión de tierras repletas de coca, de laboratorios y rutas de salida de la producción de cocaína, que es todo lo contrario de lo que se nos dijo a los colombianos que pasaría después del 24 de noviembre de 2016 con el frustrante programa de sustitución de cultivos.

No se ha logrado sentar las bases para la implementación de la sempiternamente prometida reforma rural integral. Tampoco se ha logrado garantizar la protección y seguridad de los firmantes de paz (353 han sido asesinados) ni de los defensores de derechos humanos ni de líderes comunales, que aún con el cambio de Gobierno siguen ofrendando sus vidas a pesar del alivio que sintieron cuando por fin se firmó la paz con las Farc.

Ni qué decir de los denunciados actos de corrupción en el manejo de recursos destinados para la implementación o ejecución de los acuerdos. Y, peor aún, el retorno al confinamiento de comunidades enteras en sus casas o territorios por orden de viejos y nuevos violentos, en lo que es el repudiable retorno a épocas de terror que se nos prometió que no regresarían con la firma de la paz con las Farc.

En suma, son claroscuros que tendrían que llevarnos a la no repetición de lo vivido, y que se niegan a partir; así como nos hacen pensar que, si no es en este gobierno, comprometido a erradicar la profunda desigualdad social e histórica que es caldo de cultivo de todas las violencias, ¡estas cuándo cesarán!

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