Sin bahía no hay futuro

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En reciente recorrido desde Calamar hasta Cartagena en lancha, el presidente de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), Manuel Felipe Gutiérrez, adelantó una inspección visual del proyecto canal del Dique. Según comunicado oficial, la comitiva hizo reconocimiento de los sitios de las futuras obras en los siguientes puntos: el área de ingreso de las barcazas al canal del Dique; las zonas donde se ubicarán las esclusas de Calamar y Puerto Badel; las obras de protección de Santa Lucia; y las conexiones con las ciénagas de Capote y Juan Gómez. El segundo trayecto se enfocó en la bahía de Barbacoas y en la bahía de Cartagena.

Como es sabido, el proyecto beneficiará a los departamentos de Bolívar, Atlántico y Sucre, y permitirá la movilización permanente del 85% de la carga fluvial del país que se mueve por el Dique. Y, tal como lo anota la ANI, regulará el ingreso de caudales para garantizar el suministro de agua potable y controlará los sedimentos entre el canal y las bahías de Cartagena y Barbacoas. Incluso, contribuirá a restaurar los ecosistemas del Parque Nacional Corales del Rosario y San Bernardo.

El proyecto corrige los efectos nocivos de haber adelantado una serie de canalizaciones entre 1923 y 1984, sin estudios ni diseños previos. Las obras corrigen los principales defectos del canal como son la sedimentación de las ciénagas y bahías; pero hacen aún más: evitan un desastre. La colmatación de la bahía y el taponamiento del canal interior de navegación por el crecimiento del delta de Pasacaballos hasta llegar a los bajos de Caño de Loro, traerían la ruina de toda la economía de Cartagena, basada como está en el manejo de grandes volúmenes de hidrocarburos, cemento, servicios de astilleros, carga general, contenedores, buques de pasajeros y otras actividades esenciales para la ciudad y para Colombia. Se paralizarían 54 de sus 56 concesiones portuarias y Cartagena perdería decenas de miles de empleos portuarios y anexos a sus actividades, agravando de manera dramática los índices de pobreza de la ciudad.

Aunque con un alto índice de informalidad, Cartagena, con un desempleo de 6,1% registra hoy un funcionamiento más dinámico de los cuatro grandes motores de su economía, todos dependientes directa o indirectamente de la bahía de Cartagena.

En primer lugar, el turismo crece a tasas extraordinarias, como lo demuestran las cifras del aeropuerto Rafael Núñez. El segundo motor, la industria petroquímica, se ha dinamizado con las exportaciones de Reficar. El tercer motor, las 56 concesiones portuarias son por definición “de la bahía”; el cuarto es la inversión pública y privada en salud, educación, saneamiento ambiental y obras de infraestructura urbana, inversión cuyo nivel también depende de la salud de la bahía, sin las cuales no habría producción ni comercio.

La ministra de Transporte indicó el pasado 19 de noviembre en Santa Marta que la contratación de las obras del Dique se realizará en 2020, anuncio frente al cual la ciudad espera que sea en el primer semestre, porque la colmatación es 24/7 y los cuerpos de agua no resisten más sedimentos.

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