Editorial


Sin sistema de salud

“El problema es que no se ve cómo el esquema propuesto pueda favorecer la trasparencia y acceso sin tráfico de influencias a los servicios de salud”.

EL UNIVERSAL

06 de diciembre de 2023 12:00 AM

La reforma a la salud avanza a pesar del centenar de autorizadas voces que, desde que se conoció el texto formulado por el Gobierno nacional, vienen advirtiendo la inconveniencia de buena parte de sus normas, pero, principalmente, de aquellas que muestran la deriva hacia la despreciable estatización.

El problema no es, como un globo que lanzan al aire para distraer al público, que se pretende aprobar “un orangután” con una proposición al Artículo 70 del proyecto, según el cual permitirá que la Administradora de Recursos para la Salud (Adres) directamente desembolse el 85% de lo debido a las instituciones prestadoras de servicios (IPS) sin ningún tipo de auditoría, cuando sabemos que las EPS tardan hasta 360 días en transferir los recursos que les corresponde a las IPS por los servicios prestados.

Parte del gran problema de la salud deviene precisamente de que los verdaderos prestadores de los servicios, esto es, clínicas, médicos, personal sanitario, proveedores de insumos y droguerías, se afectan radicalmente por las demoras en los pagos de las EPS, lo que ha profundizado las dificultades financieras de los integrantes de la cadena del Sistema de Salud Pública.

El problema es que no se ve cómo el esquema propuesto pueda favorecer la trasparencia y el acceso sin tráfico de influencias a los servicios de salud.

El problema realmente radica en que el Gobierno pretende reemplazar a las EPS, incluyendo las buenas, por un sistema estatizado como el que ya probamos y que resultó en un rotundo fracaso.

Lo que viene para el país es un sistema perverso, en el que los ciudadanos van a tener que pedirle una recomendación al jefe político de confianza para que los atiendan en los Centros de Atención Prioritaria en Salud (CAPS), unos organismos que se van a politizar y a los que se los van a robar completicos, con lo cual solo quienes gocen de amigos o conocidos podrán recibir oportuno servicio; para las mayorías, lo que viene es perder mucho tiempo de sus vidas y libertad en gestiones de salud propios o de los parientes enfermos, con el incremento en el gasto del exiguo presupuesto familiar en medicamentos, que no serán proveídos por el ineficiente servicio público, que ya ni siquiera es capaz de garantizar el stock de medicinas.

Preguntaban los exministros de Salud si podrán los CAPS gestionar y asegurar la continuidad de los tratamientos vitales de los pacientes; la respuesta, tajantemente es ‘no’. Solo los ilusos o los ingenuos pueden esperar que los entes estatizados funcionen.

También preguntaban cómo responderá el Estado cuando la Adres se vea sobrepasada por la gestión de millones de facturas anuales, y los retrasos en los pagos amenacen la sostenibilidad de nuestros hospitales; la respuesta es, tajantemente, con más caos.

Nadie se beneficiará más de esta reforma que la clase política. De cantos de sirena está adornado el camino al infierno.

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