Telecaribe

05 de julio de 2020 12:00 AM

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En estos días los ojos están atentos a lo que está pasando con la elección del gerente de Telecaribe. Luego de la renuncia de Juan Manuel Buelvas en enero, el encargado, Hernando de la Espriella Burgos, abrió convocatoria al cargo el 26 de mayo, en la que él mismo presentó su aspiración variando las condiciones de juego mediante el acuerdo modificatorio 624 del 19 de junio. Cabe anotar que De la Espriella Burgos renunció sólo hasta el pasado 26 de junio, siendo reemplazado por Diana Acosta, asesora de la gobernadora del Atlántico.

Como consecuencia de estas modificaciones, algunos de los aspirantes dejaron de cumplir las condiciones para el cargo y fueron descartados, una situación desconcertante, ya reclamada desde los medios nacionales.

Es indispensable que el canal brinde seguridad en este proceso. Aún es tiempo que su junta directiva corrija las sospechas que genera el manejo atípico de esta convocatoria, pues no se trata de un simple giro para asignar un empleo, sino para demarcar el destino de uno de los patrimonios culturales del Caribe.

El deber de los miembros de esa junta, integrada por los mandatarios del Atlántico (y su distrito capital), del Magdalena, Bolívar, Cesar, Córdoba, Sucre, el Ministerio de las TIC, las universidades de Cartagena y del Magdalena, es probar que la elección será transparente y que el canal no es de propiedad de Barranquilla, sino que es una entidad pública al servicio de la integración Caribe. Es la manera inmediata en que puede volver la confianza en el manejo de esa institución, pues quienes concurrieron a ese concurso lo hicieron convencidos que primarán los principios de honestidad, equidad y respeto prevalente en las reglas de juego de toda convocatoria; de lo contrario, no se habrían presentado a esta. Tras una simple revisión de las hojas de vida publicadas, es clarísimo que la mayoría de los aspirantes tienen el conocimiento y trayectoria necesarios para sacar adelante este canal, y es extraño cómo se han eliminado nombres que deberían estar jugando aún.

Pero hay que ir más allá de una elección. Es tiempo también de repensar el canal, y no sólo para continuar con los procesos tecnológicos y de convergencia que le exigen estos tiempos. ¿Es el canal portador e intérprete de la cultura Caribe? ¿Los costeños sienten que el canal los encarna o los representa? ¿Tiene el canal la capacidad de volvernos a congregar entorno a un proyecto de región? ¿El canal debe competir con los canales comerciales o es, como medio público, un escenario distinto, en el que los costeños podemos encontrar el reflejo de lo que somos, de nuestras preocupaciones, nuestros temores, nuestros gustos y preferencias, encuentros y desencuentros, ilusiones y retos?

El canal reclama no sólo un administrador sino un profundo conocedor de la cultura, idiosincrasia y lógicas caribes, protegiendo a los productores costeños y no sólo a los de Barranquilla, pues sólo cuando vuelva a ser nuestro espejo, todos los municipios cercanos y lejanos se sentirán socios de esta gran empresa cultural.

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