TIAR y prudencia

16 de septiembre de 2019 12:00 AM

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Doce de los diecinueve países de la OEA que concurrieron a su última sesión, incoaron el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), para aplicar nuevas sanciones al gobierno de Nicolás Maduro.

De entre los efectos que hipotéticamente pudieran derivarse de la controversial decisión, pues no se emplea con efectos bélicos desde las invasiones protagonizadas por Estados Unidos el pasado siglo, lo que más polémica ha generado es que posibilita una intervención militar sobre suelo venezolano; pero es más probable que se despachen otras medidas más civilizadas, como suspender las comunicaciones económicas, terrestres y aéreas.

Entre las causas que se esgrimieron para aprobar la activación del TIAR está que esa crisis tiene un impacto desestabilizador para la paz y la seguridad en las Américas, lo cual podría derivar en una desesperada decisión de violación a la integridad del territorio de cualquier Estado americano por parte de Maduro, para justificar decisiones de orden interno ante el descontento de buena parte de la población sujeta a un régimen apabullantemente mediocre y criminal.

En pocos días se volverá a reunir la OEA, con la asistencia de los cancilleres de los Estados que suscribieron el tratado de defensa TIAR, de donde se esperan decisiones más específicas.

A pesar de las voces que desde el país piden que nos sumemos a una intromisión militar en suelo venezolano para capturar a los cabecillas de los disidentes de las Farc y de comandantes del Eln, y de que Colombia contaría con el apoyo de la OTAN y eventualmente de países latinoamericanos por el TIAR si sucede un enfrentamiento con armas castrenses, no puede justificarse ninguna salida, por más audaz y contundente que sea, que abra semejantes heridas en las relaciones históricas de ambas naciones, así como tampoco tiene sentido exponer la vida, la infraestructura y los recursos de compatriotas, empresas y de la nación, con efectos que pudieran ser devastadores en algunas regiones del suelo nacional.

El largo y sinuoso camino que está recorriendo el pueblo venezolano, que nos afecta a nosotros directa y diariamente, con un altísimo gasto para las familias y los gobiernos nacional y regionales, nunca podrían superar los enormes costos de enfrentar una guerra con los vecinos. A no dudarlo, es mucho pero mucho más económico mantener abiertas las puertas de los puentes fronterizos, que penetrar el suelo vecino con fines belicistas. Y, en tal sentido, aplacar con argumentos respetuosos las voces que llaman a la confrontación total no debe ser visto como una posición ideológica reprensible, sino como una opción sosegada y compasiva con los agobiados migrantes que se asientan en nuestras ciudades.

Los esfuerzos de la diplomacia colombiana no deben cejar ante tantas afrentas del desesperado y cerril régimen venezolano. Y si bien es legítimo, responsable y necesario que nuestras Fuerzas Militares se preparen para una eventual acción bélica del chafarote Maduro, la prudencia del comandante en jefe de nuestro Ejército no le dejará caer en provocaciones que no pasen a planos bélicos.

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