¿Tiene Duque un Plan B?

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El 20 de Julio se instaló el segundo periodo de sesiones legislativas. El Congreso se apresta a discutir diversas e importantes iniciativas, tanto del Gobierno como de su propio seno, en medio del debate para elegir gobernantes regionales y locales del periodo 2020-2024.

En consecuencia, senadores y representantes estarán desconcentrados de los asuntos parlamentarios, pues tornarán buena parte de su atención en ayudar a elegir a sus copartidarios en los cargos que se disputan.

Si a esta natural distracción se le suma el desinterés en los asuntos propuestos por el gobierno del presidente Duque, debido a la ausencia de mermelada, las expectativas de lograr una agenda legislativa exitosa no son muy halagüeñas.

Desde distintos sectores se le ha sugerido al presidente Duque que mantenga su promesa de no proveer mermelada a los congresistas a cambio de aprobaciones de las iniciativas del Gobierno, lo que ha cumplido hasta la fecha. Pero también se le ha recomendado que esa posición no la llevara hasta el extremo de no ofrecer participación a los partidos y movimientos políticos, en los cargos de dirección y administración del Estado.

El presidente parece que no atenderá esta recomendación, con lo cual sus proyectos de actos legislativos y de leyes podrían quedarse en las comisiones, por cuanto los nuevos presidentes de Senado y Cámara pertenecen a los partidos Liberal y Cambio Radical, respectivamente, que se han declarado independientes.

Si esto permanece así, la opinión tendría que abandonar la percepción de que estamos frente a un presidente terco y que, más bien, su decisión de ni siquiera dar participación en los altos cargos del Ejecutivo a los partidos independientes, es definitivamente deliberada y largamente madurada, por convicción y no por tozudez, indicativa de querer dejar un legado que rompa los esquemas y ponga al régimen en escenarios de compartimiento de poder que no vivíamos desde la época de Virgilio Barco, quien optó por gobernar sólo con su partido, el Liberal.

Proyectos como el del presupuesto general de la nación, la cárcel efectiva para corruptos, reforma a las regalías y doble instancia retroactiva entonces correrán la suerte que le impriman los líderes de los partidos independientes, pues los del Centro Democrático, el partido de Gobierno, hoy son minoría.

Y ese es tal vez el juego que el presidente quiere retozar, si no se produce una apertura al gobierno compartido con los partidos hoy independientes. Dejar que el Congreso, en su autonomía constitucional, haga su labor a conciencia, y no por las tradicionales mercedes del Ejecutivo.

Como esta posición contiene el enorme riesgo de quedarse sin las aprobaciones de los instrumentos legales para cumplir el programa de gobierno y las promesas electorales, lo cual Iván Duque tiene más que claro, cabe suponer cuenta con un Plan B para superar los escollos de una legislatura hostil. Y no puede ser otro que ejercer las potestades de nuestro sistema presidencialista, con lo cual podríamos ver a un mandatario resolviendo los entuertos a fuerza de decretos.

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