Editorial


Tributaria, corrupción y diálogo

“Sería extraño que el nuevo ministro siga la senda del ministro Carrasquilla y no la del ministro Restrepo, sabiendo la urticaria que produce pagar más impuestos o pagarlos...”.

EL UNIVERSAL

06 de julio de 2022 12:00 AM

Entre los anuncios que más han despertado polémica de todos los que hasta ahora han hecho los futuros ministros del entrante gobierno, son los relativos al proyecto de reforma tributaria.

En efecto, el próximo ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, ha revelado las pinceladas de los apartes más importantes de la reforma que, al parecer, podría estar lista para su presentación el 20 de julio, fecha de instalación del nuevo Congreso de la República.

De conformidad con lo expuesto por excodirector del banco central, la meta es incrementar el recaudo entre 50 billones y 75 billones de pesos.

Preocupa, en primer lugar, que se presente el 20 de julio. Ello supondría que no sería socializada con suficiencia con los distintos agentes económicos y sociales antes de su radicación en el Congreso e, incluso, antes de la posesión del nuevo gobierno, lo cual jurídicamente no parece posible.

Si algo debieron aprender los economistas de la fría capital es que una reforma sin previa ambientación puede suscitar el rechazo general, tal como ocurrió con la presentada ante el Congreso por el ministro Carrasquilla, quien se vio conminado a renunciar como paliativo para calmar las agitadas protestas de abril de 2021, un día después de que el presidente Duque retirara el controvertido proyecto.

Por el contrario, quien lo sucedió en el cargo, el actual ministro de Hacienda, José Manuel Restrepo, logró sacar adelante en tiempo récord una reforma menos ambiciosa que la de su antecesor, y sin mayores sobresaltos después de haberse oficiado en lograr consensos con distintas fuerzas sociales y gremiales en todo el país, antes de llevarla al seno del Congreso.

Sería extraño que el nuevo ministro siga la senda del ministro Carrasquilla y no la del ministro Restrepo, sabiendo como se sabe la urticaria que produce a los colombianos de todos los sectores sociales, pagar más impuestos o pagarlos por primera vez.

Y el tufillo anti impositivo está más que justificado: ¿de qué vale pagar más impuestos si en todo incremento va la sospecha del robo al erario por cuenta de la corrupción política, clientelista y contractual?

Y es la eterna prevención, justificada por demás, de por qué los políticos quieren más tributos si se sabe que en el camino de la ejecución presupuestal se quedan en los bolsillos de politiqueros, funcionarios y contratistas sinvergüenzas una tajada no menor que la que se aspira a recaudar con cada reforma tributaria.

Es conveniente entonces que, a la par que se discuta la propuesta de reforma, ojalá con el mayor número de actores sociales, políticos, gremiales y sindicales, se presente la propuesta anticorrupción del nuevo gobierno, sobre todo si ya sabremos que no habrá Procuraduría que asuste en algo a quienes estén determinados en seguir delinquiendo o en volverse nuevos ricos con los recursos del erario nacional.

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