Editorial


Turismo rural y descentralizado

Una iniciativa privada en Turbaco de la Fundación Compañía Guia2 Teatros pretende establecer un circuito turístico allí, complementado con algunas representaciones teatrales para enriquecer la experiencia general. Y el programa tiene el nombre ingenioso de “Tourbaco, tu nuevo destino cultural”.
Turbaco, por supuesto, es históricamente importante por muchos motivos: fue la cuna de los indígenas caribes Yurbacos, fue el sitio donde esos mismos indígenas flecharon al famoso navegante Juan de La Cosa, fue el lugar de residencia del expresidente mexicano, el general Santana, quien fue dueño de la casa que hoy ocupa la alcaldía y famoso -entre muchas otras cosas- por haber arrasado el fuerte del Álamo en lo que hoy es Texas. También vivió en el área rural de Turbaco el inglés Mr. Dickens, quien fuera gerente de la construcción del ferrocarril de Cartagena a Calamar.
Turbaco también tiene atractivos naturales considerables -arroyos cristalinos, árboles enormes, entre ellos los de mamey, y volcanes de lodo- que no solo se deben conocer, sino salvar de las presiones de la urbanización y de la contaminación.
Iniciativas como la de los empresarios turbaqueros deberían ser emuladas en el resto de la provincia bolivarense donde  no las hay hasta ahora, y fortalecidas donde las hay.
Los Montes de María, por ejemplo, tienen posibilidades casi ilimitadas para hacer turismo rural, cultural, artesanal y de naturaleza, incluyendo la observación de aves. Aunque nuestras montañas no son altas comparadas con las andinas, el cerro de Maco, con 942 metros de altura sobre el nivel del mar, tiene ya un clima distinto al usual de la Costa Caribe, y cosa similar ocurre en sitios como La Cansona y sus alrededores.
También está el parque de Los Colorados, en San Juan Nepomuceno, que bien merece ser visitado, complementando la experiencia con la historia del propio pueblo
Estas áreas son, turísticamente hablando, un diamante en bruto esperando que alguien lo pula. Tienen la ventaja esta clase de destinos que atraen a visitantes preocupados por la naturaleza y el medio ambiente, son algo aventureros y están dispuestos a aguantar algunas incomodidades en comparación con los alojamientos y servicios de los grandes destinos urbanos. Esto tiene la ventaja de que requiere una menor inversión, y también que desgasta mucha menos al destino, y por supuesto, también lo contamina menos.
Esto no quiere decir que a los turistas les guste la incomodidad, ni que debe haber instalaciones mediocres, sino que el concepto de turismo de naturaleza se enfoca más en esta, que en las instalaciones físicas. Esta clase de turismo, por supuesto, es mucho más sostenible que el masivo de las grandes ciudades.
Ojalá que broten más iniciativas privadas para desarrollar nuevos destinos culturales y turísticos en el campo bolivarense.

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