Editorial


Una cumbre azarosa

“A estas alturas se confirma la vieja división geopolítica del continente, con dos visiones del concepto de respeto a la soberanía de las naciones (...)”.

EL UNIVERSAL

07 de junio de 2022 12:00 AM

Se inició ayer la esperada Cumbre de las Américas en Los Ángeles (California), sumida en una espera escéptica sobre su capacidad de convocatoria debido a la posición del gobierno de Estados Unidos frente a la participación de naciones sin democracia (Cuba, Venezuela y Nicaragua) que no habían sido invitadas por el presidente Biden.

Esta novena edición ha supuesto el retorno de la sede al primero de sus anfitriones, los EE. UU., que en 1994 convocó el entonces presidente Bill Clinton con el propósito de fijar un encuentro periódico entre los gobernantes, políticos, empresarios, organizaciones de la sociedad civil y demás líderes representativos del continente, para identificar los principales desafíos de los pueblos de América, proponer soluciones y procurar su integración.

Desde su gestación se acordó que concurrirían los delegados de las naciones de Norteamérica, Suramérica, Centroamérica y el Caribe que respetaran la democracia, las libertades fundamentales y la libre empresa. Sin embargo, con el paso de los años países señalados como coartadores de las libertades individuales fueron invitados precisamente por la naturaleza rotatoria de los encuentros, que al ser organizados en países distintos a EE. UU., interpretaron, como lo ha hecho México este año, que no podía haber cumbre continental si no asistían los gobiernos de todas las naciones de las Américas.

La espera sobre si el país anfitrión invitaría a los mandatarios de Cuba, Venezuela y Nicaragua terminó ayer, con la confirmación de la negativa, lo que provocó la declaración del presidente de México, Andrés López Obrador, de su no asistencia, sino la del canciller, a manera de protesta por esa exclusión, y ante la necesidad de cambiar la política de EE. UU. de “...querer dominar sin razón alguna, el no respetar la soberanía de los países, la independencia de cada país”.

No la ha tenido fácil el presidente Biden, a quien le había tocado hacer esfuerzos diplomáticos para convencer al presidente de Brasil de que asistiera, quien se había negado por su bronca con los demócratas.

De manera que arrancó la estresada Cumbre sin la participación del más importante socio comercial de EE. UU. en Latinoamérica, y todo esto justo cuando la administración Biden se comienza a acercar a Nicolás Maduro y da pasos de apertura hacia Cuba dentro de la nueva estrategia para bajar la influencia de Rusia en su patio trasero y avanzar en alternativas para capotear la crisis energética global, que está provocando la invasión de Ucrania.

A estas alturas se confirma la vieja división geopolítica del continente, con dos visiones del concepto de respeto a la soberanía de las naciones: aquella en que no importa el régimen y quién lo encabeza, y la que sólo se refiere a las sociedades abiertas que propugnan por las libertades individuales y elecciones periódicas con participación de fuerzas opositoras.

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