Una fecha dejada a un lado

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Los principales espacios noticiosos de radio y televisión del país casi ignoraron que ayer se celebraban los 200 años de la Independencia de Cartagena, un hito histórico no sólo para esta ciudad, sino para el país entero, porque fue la primera provincia de la Nueva Granada que declaró su emancipación absoluta de España.
Las referencias aisladas y efímeras al Bicentenario en los dos canales privados y las tres principales cadenas radiales de cubrimiento nacional sólo tuvieron el propósito de introducir la prolija y extenuante reseña del Concurso Nacional de Belleza y las actividades de las candidatas, segundo a segundo.
Excepto el periódico hermano de Barranquilla, El Heraldo, que destacó el Bicentenario en la parte superior de su portada, los principales diarios colombianos ignoraron la fecha histórica o se refirieron brevemente a ella en la parte inferior de la primera página, ilustrándola con una foto de la Batalla de Flores, un evento exclusivo del Concurso de Belleza, importante en sí mismo, pero que no hizo parte de la programación de los 200 años de la Independencia.
Este desconocimiento aleve de la importancia de una fecha tan determinante para la historia colombiana se suma a otras actitudes despectivas desde el centro del país, como la exclusión del 11 de noviembre de aquellas festividades patrias inamovibles en la Ley Emiliani, el 20 de julio y el 7 de agosto.
Ni siquiera el componente popular y festivo de la celebración de la Independencia de Cartagena, que se ha desplegado este año con entusiasmo enorme, logró convocar el interés de las prensa colombiana, excepto cuando equivocadamente lo vinculan al Concurso de Belleza, cuya importancia y atractivo para el país son innegables, pero que el país entero mira equivocadamente como la médula de las Fiestas de Independencia.
Es obvio que la tradición festiva de la Independencia, que combina jolgorio con memoria histórica, es única en el ámbito colombiano, y los medios privilegian lo que tiene ingredientes llamativos, los bailes sensuales, los disfraces, pero resulta inexplicable que todas estas manifestaciones de la celebración popular y la tradición folclórica sean percibidos como complementos superficiales -meros perendengues- del reinado, que por sí mismo ya tiene la atención periodística, impulsada además por las grandes posibilidades publicitarias que ofrece, que por supuesto han sido bien ganadas.
Ayer, unas siete mil personas, integrantes de 180 comparsas, participaron en el gran desfile del Bicentenario de la Independencia, entre carrozas con temáticas históricas y ambientales, para gritarle a un país la gesta que empezó aquí hace dos siglos, y que insufló el espíritu libertario en el resto de Colombia.
Quizá le faltó a la Alcaldesa una gira por los medios de la capital, hablando con todos sus directores, para explicarles bien la importancia de la celebración histórica del Bicentenario. Valdría la pena que los medios nacionales, a la par que despliegan su tecnología y su talento en el cubrimiento del Concurso Nacional de Belleza, se asomaran también a esa otra fiesta, representativa de la tradición bicentenaria, en la que la entraña popular de Cartagena se muestra en su autenticidad.

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