Una polémica agria

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La ola de críticas contra el cantante colombiano Juanes, especialmente de la comunidad de cubanos exiliados en Miami, por el concierto que realizará en La Habana el próximo mes de septiembre se está convirtiendo en una obra de teatro del absurdo, pues se apartan de las razones ponderadas expuestas por el artista para alinearse con una controversia política rabiosa. Una de las escenas más irracionales fue la protagonizada por la organización Vigilia Mambisa en la Calle Ocho de Miami, cuyos miembros rompieron decenas de discos de Juanes, mientras exhibían pancartas de condena al concierto. En toda esta discusión mediática agria, se habla poco de las motivaciones del colombiano para realizar el llamado “Concierto por la paz”, al que ha invitado a numerosos artistas del prestigio de Olga Tañón y Miguel Bosé, entre otros. El primer argumento crítico es que el concierto en Cuba debería ser por la libertad y por la democracia, y no por la paz, pero Juanes ha explicado hasta la saciedad que el asunto del sitio no tiene connotaciones especiales, y que simplemente se trata de llevar un mensaje de paz a través de la música, como se hizo en la frontera colombovenezolana. Lo grotesco de la polémica es la avalancha de groserías y calificativos de infamia que los exiliados cubanos han lanzado contra Juanes, que sobrepasan lo que debería ser una protesta seria y serena, lo que en el fondo refuerza la necesidad del mensaje de paz y concordia que propone el cantante antioqueño. La polémica fue causada por el sitio donde se realizará el concierto: la emblemática Plaza de la Revolución, donde fueron fusilados miserablemente miles de cubanos que se oponían a la instauración del régimen comunista en la isla. También se cuestiona que estará acompañado por Silvio Rodríguez, un cantante defensor a fondo del régimen castrista, lo que es percibido como un apoyo indirecto al gobierno de los hermanos Fidel y Raúl Castro. Parece muy difícil convencer a los críticos con frases como “Ir a Cuba es un símbolo de que es tiempo de cambiar las mentes, una oportunidad de decirle al mundo que las personas tienen que cambiar”, porque de una u otra forma no es lo mismo cantar en un país con cuyo gobierno no se está de acuerdo, que hacerlo en otro, como Cuba, condenado internacionalmente por las restricciones a la libre expresión y el encarcelamiento de quien piense distinto a lo que ordena el régimen. Por otro lado, también es legítimo pensar que este concierto, al igual que el de Air Supply u otros artistas estadounidenses que se han presentado en Cuba, “le abren un poco la visión a la generación joven y hacen mirar las cosas desde otro punto de vista”, como dijo el director de un grupo musical conocido. Es decir, que presentarse en Cuba de alguna manera es un estímulo hacia la democracia y la libertad de la isla. Lo más condenable es la campaña de descrédito contra Juanes, ganador de cinco Grammy Latinos y compositor de éxitos, quien ha cimentado su carrera y su éxito precisamente según el modelo capitalista y democrático, por cierto muy lejano del que practica Cuba.

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