Opinión


Educando para la pobreza

“Y pensar que rechazaron el Plan Maestro de Educación, construido democrática y participativamente durante tres años que, si se estuviera ejecutando, mucho habríamos...”.

EL UNIVERSAL

24 de mayo de 2022 12:00 AM

De conformidad con reciente informe elaborado por el rector de la Universidad del Norte, Adolfo Meisel Roca, y su asistente de investigación, Ángela Granger, la calidad de la educación en Cartagena, singularmente de la educación pública, nada que mejora.

El estudio confirmó que el 60% de los estudiantes de grado 11 en la ciudad está matriculado en colegios de bajo desempeño académico. Esto significa que la mayoría de niñas, niños, adolescentes y jóvenes cartageneros se están preparando para perpetuar la pobreza. Es la peor de las condenas, pues los estamos engañando a ellos y a sus familias, haciéndoles creer que los estamos educando para que prosperen, cuando lo cierto es que los seguimos condenando a proseguir en el ciclo frustrante que les aparta del encuentro de los talentos propios.

Qué vergüenza continuar en los más bajos niveles nacionales. Si revisamos las Pruebas Saber para grado 3 o grado 5, nos mantenemos como la ciudad de peor desempeño entre las principales capitales del país. Pero es que en bachillerato tampoco hay cambios halagüeños.

Por supuesto, así no podemos esperar que en las Pruebas Saber 11, que definen quiénes pasan a la educación superior y en qué carreras, logremos resultados aceptables.

Y en el nivel universitario, en las Pruebas Saber Pro solo le ganamos a Montería en puntaje. Del resto, todas las ciudades capitales nos superan. ¡Qué desastre! Inevitable preguntarse cómo fue que llegamos a semejante descalabro.

A no dudarlo, desde la desinstitucionalización del Gobierno distrital comienza a explicarse todo. Nuestra clase política, tanto la tradicional como la emergente, acusa una profunda mediocridad que le hace imposible comprender la importancia sustancial, definitiva, que tienen la buena calidad educativa en la vida de los futuros ciudadanos, de sus familias y de la sociedad en general. Y si lo comprenden –pues no son ningunos mentecatos–, entonces es que no les importa.

Y no puede descontarse la responsabilidad que les cabe a los líderes de los docentes, quienes por cuenta de semejantes resultados tan decepcionantes, tendrían que cuestionarse si han estado más atentos a las conquistas sindicales y la defensa de postulados ideológicos, que al buen ser y saber de los educandos.

Y pensar que rechazaron el Plan Maestro de Educación, construido democrática y participativamente durante tres años que, si se estuviera ejecutando, mucho habríamos progresado en la ciudad. Responsabilidad también en el Concejo, que respaldaron esa negativa gremial sin que hubieran propuesto una alternativa para fijar una hoja de ruta que, luego de ese imperdonable desprecio, hoy tanta falta nos hace.

Si no hay cambios sustanciales en el fondo de cómo venimos haciéndolo, continuaremos fallándoles a las familias cartageneras, a cuyos hijos seguimos educando para la pobreza.

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