La tercera dentición

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Las dos primeras cajas dentarias son gratuitas, pero la tercera, literalmente, costará un ojo y a veces, hasta los dos ojos de la cara. Nos donan, primero, los “dientecitos de leche”, tiernos y efímeros, germinados alrededor de los seis meses; luego, aparecen los “dientes de hueso” fuertes y vigorosos, a partir de los 5 años, que deberían acompañarnos hasta el último suspiro, pero dolorosamente no siempre es así.

Surge entonces la ‘tercera dentición’ y su corte de pinzas, tornillos, fresas, acrílico, amalgama, cerámica y un sinnúmero de instrumentos que intentarán reconstruir lo que el viento y las caries se llevaron para siempre.

Nuestros dientes naturales brotan generosos, pero la ‘tercera dentición’ depende del grosor del bolsillo o del cupo de la tarjeta de crédito. No se crea, sin embargo, que la fabricación de prótesis dentales es cosa de la modernidad: 754 años AC, habilidosos artesanos fabricaban prótesis complejas usando oro blando, soldadas entre sí, acompañadas de pónticos hechos con dientes humanos o de animales. Evidencias arqueológicas irrefutables señalan que fenicios y romanos usaban dientes tallados del marfil, con tal de recuperar la mordida y resucitar la sonrisa de su selecta clientela.

Antes, como ahora, los precios iban desde unas cuantas monedas hasta a la cuota inicial de una pirámide. Lo cierto es que los odontólogos toman sus precauciones para que les cancelen, de manera anticipada, el fruto de su trabajo. Casos se han visto pero ninguno como la pintoresca historia, recordada por los egresados de la Facultad de Odontología de la Universidad de Cartagena, allá en las décadas de los 80 y 90. Cuentan que el afamado docente Orlando Botta Rossanía orientaba a sus alumnos en el arte de cobrar sus honorarios, narrándoles lo ocurrido con uno de sus clientes, a quien le fabricó una prótesis total. El paciente se la acomodó y, sin cancelarla, le suplicó que se la dejara probar dos días en su casa. Pasó el tiempo y el pago no llegaba. Entonces, el dr. Botta, conociendo que el tipo era furibundo aficionado al béisbol, entró al Estadio 11 de Noviembre, ubicándose estratégicamente detrás de él. En lo mejor del partido, aprovechando que ‘El Tigre’ Leal, cuarto bate de la Selección Colombia, disparó cuadrangular, y su cliente, visiblemente emocionado, celebraba, voz en cuello, el dr. Botta, con la rapidez de un rayo y ante el asombro de la concurrencia, le metió los dedos en la boca, retirándole la caja de dientes al usurpador.

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