Opinión


Las redes: entre el poder y la destrucción

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

18 de mayo de 2021 12:00 AM

Tener superpoderes es unos de los anhelos más comunes de los niños y niñas, quizá por la influencia temprana de la televisión o cualquier otro medio de comunicación. Estas ilusiones permanecen incluso en la edad adulta, cuando reiteradamente se buscan con desespero posiciones superiores que impliquen algún tipo de mando. Aquello pareciera una extraña obsesión que perturba y nubla al ser.

La actualidad nos muestra una gama amplia de oficios donde se despliega poderío: el económico, político, religioso, judicial, familiar, intelectual, industrial, militar, laboral, y, con mucha más fuerza, en las diversas formas de comunicación social; mediante el ejercicio de esta última se pueden aniquilar los demás factores de mando en cuestión de segundos.

El desarrollo de las plataformas digitales a través de la Internet ha permitido reforzar la resonancia y masificación de la opinión, lo que representa un mega imperio, ya que con inmediatez es posible viralizar toda clase de contenido. A la prensa formal se le llamó el cuarto poder, pero las redes sociales ostentan mucha más potencia, al punto que han desplazado a las primeras, obligándolas a trascender hacia esos escenarios en los que curiosamente están en igualdad de condiciones con cualquier ciber usuario.

Todo el que tiene una red de comunicación ostenta un superpoder que podrá mantenerse o ampliarse dependiendo del uso correcto. Aquel, al igual que todo en la vida, puede corromperse y desprestigiarse, ser un arma para crear o destruir. Debemos actuar muy cuidadosamente cuando usamos esta fuente de energía, por ello se dice en las películas de superhéroes: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. No es posible que se use la visibilidad en redes de manera oportunista o como herramienta macabra para destruir la dignidad moral ajena y mucho menos para presionar o vengarse, al mejor estilo de los despiadados sicarios del honor.

Los influenciadores se sienten empoderados, de hecho, lo están, portan un peligroso instrumento que usado caprichosa e irreflexivamente percuta desprestigio y deshonra; pero, cuando se emplea con afecto y discreción puede ser un canal inagotable de beneficios.

Con acierto se sugiere que, previo a opinar o difundir información desde las tribunas virtuales, se debe evaluar y verificar las siguientes variables: si causa un daño inmerecido; si es real y proviene de una fuente confiable; si será de utilidad general; si es legal la propagación; si la razón por la que se transmite es noble o motivada por el odio. Se trata de hacer un serio análisis antes de desplegar el poder, teniendo en cuenta que, como siempre, un solo clic es suficiente para activar aquella fuerza dual que podrá llevarte irremediablemente a la autodestrucción.

*Abogado

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