Malandrines ¿Y qué más?

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El alcalde Dau preocupa. Empezó a preocupar desde el domingo 27 de octubre cuando repentinamente se supo que era el ganador de las elecciones a la Alcaldía de Cartagena. Ni él mismo lo esperaba. Se le veía la sorpresa en el rostro. Así las cosas, el primer reto que debe enfrentar es superarse a sí mismo, en el sentido de lograr convencer de que él sí es la persona idónea para dirigir los intrincados destinos de esta ciudad.

A muchos de los que estamos preocupados por la suerte que correrá la Alcaldía durante los próximos cuatro años, de lo único que estábamos convencidos era de que el ganador debía ser el voto en blanco. Pero ganó Dau, quien nunca mostró propuestas concretas, solo gaseosos anuncios de que supuestamente acabaría con la corrupción.

Me hace recordar a Campo Elías y a Manolo: subieron a la Alcaldía hablando puras generalidades. Nunca enseñaron un proyecto sólido y bien fundamentado sobre las posibles soluciones a algunos de los miles de problemas que padece la capital de Bolívar. Y creo que es esta una de las causas de que en la pasada contienda electoral hubiera tanta gente aspirando a cupos en las corporaciones públicas. Claro, ya entendieron que no es necesario preparar un buen plan de trabajo. Con repetir mil veces unas cuantas sandeces es suficiente.

Insisto: el principal enemigo de Dau no es la corrupción, es él mismo. Para empezar, ya tiene cincuenta mil ojos encima esperando a que se la embarre, para denunciarlo y bajarlo del caballo. Porque es eso lo que se busca un aspirante cuando intenta vender cierta imagen de impoluto y una cuestionable autoridad para señalar a diestra y siniestra a todo el que le venga en gana. Ojalá me equivoque, pero los mensajes que está enviando Dau no dan para pensar en otra cosa. Su mal ejemplo es más que vergonzoso. Su inclinación por la bravuconería y por el lenguaje de verdulera están muy lejos de sembrar esperanzas en el corazón de la gente que ama a la ciudad. ¿Acaso cree que con estar hijueputeando a voz en cuello y formando alborotos en la vía pública hará que tiemblen las personas que él señala como corruptas? Por lo contrario: deben estar muertas de la risa comprobando que el alcalde es un niñito grande que no ha aprendido a manejar sus emociones. No soporta una provocación. Y es por ese camino por donde podrían dinamitar su inesperado mandato, hasta que surja una nueva interinidad. Mientras malgasta las horas prometiendo que encarcelará a los malandrines, en las zonas inundables de la ciudad hay gente esperando a que por fin concluya el Plan Maestro de Drenajes Pluviales, que se termine de construir la Vía Perimetral y que la movilidad de Cartagena sea la envidia del país. Mientras despilfarra el don del habla, están el turismo sexual y el pandillismo esperando a que alguna autoridad real los meta en cintura. ¿Ha pensando en eso, alcalde Dau?

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