Manejo de las emociones

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A raíz del inusitado triunfo de William Dau en las elecciones pasadas se han escuchado opiniones a favor y en contra de lo que podría ser su desempeño como alcalde. Algunos dicen que su elección es un tiro en el pie y un salto al vacío para la ciudad por cuanto es explosivo, no tiene experiencia administrativa, su plan de gobierno es inocuo y no tendría oxígeno político para el manejo de una ciudad de condiciones tan especiales como Cartagena.

Dirigentes reposados y experimentados como el excandidato a la Alcaldía y exministro Fernando Araújo Perdomo, señalan la necesidad de rodear al nuevo gobernante porque su triunfo fue limpio y Cartagena necesita recuperar su gobernabilidad tras largos años sin brújula y despejar su horizonte presente y futuro. Es la misma postura de más de cien mil cartageneros que prefirieron a Dau y seguramente de quienes sin votar por él quieren ver a su ciudad en un estadio superior al actual.

Dau ha mostrado carácter y persistencia en su cruzada contra la corrupción pero requiere mucho más que esa consigna para salir avante en la dura realidad de Cartagena. Independientemente de lo que hará en el ejercicio del cargo, su tendencia emocional a la confrontación debe dar paso a la serenidad y el análisis racional. Cuando quisieron esquilmarle el triunfo acudió a un lenguaje inapropiado para referirse a sus contradictores más enconados y aún a algunos medios de comunicación, entre ellos El Universal. Luego rectificó con gallardía, mostrando una faceta conciliadora. Es indispensable que mantenga esa compostura porque ya no es candidato, pronto será alcalde en ejercicio y su lenguaje y comportamiento tienen que estar a la altura de la dignidad de su nuevo rol como gobernante.

No es cosa de poca monta. El dominio de las emociones será fundamental en las relaciones de Dau con sus subalternos, los concejales, los empresarios, el gobierno central, los “pidepuestos”, los ciudadanos todos. Habrá quienes, por sí propio o inducidos, le busquen su lado flaco para sacarlo de quicio y tratar de causarle daño. Ser alcalde de la Cartagena actual es estresante y lo será más para Dau, que llega al mando con enemigos poderosos y de cuidado. Quienes lo eligieron anhelan que pueda enderezar el rumbo de la maltratada ciudad Heroica, sin que nadie pueda asegurar que lo logrará como tampoco que no pueda hacerlo. Lo que sí debe hacer el nuevo alcalde es cuidar la boca y echar hacia adelante con tranquilidad y firmeza porque la ciudadanía votó por un cambio que puede ser tan histórico como su propio triunfo.

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