Nuevas y viejas guerras

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En un reciente artículo, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), sostuvo que en Colombia existen cinco conflictos armados. Esta afirmación puede ser desconcertante y confusa para quienes, ya sea que lo hayan apoyado o no, creían que el Acuerdo de paz con las FARC significaba el fin del conflicto armado.

Desde el punto de vista del Derecho Internacional Humanitario (DIH) y de buena parte de la academia, la afirmación del CICR es correcta. El Gobierno colombiano todavía libra cuatro conflictos con grupos armados organizados: ELN, EPL, Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y disidencias de las FARC. El quinto conflicto armado es el que libran el ELN y el EPL en el Catatumbo.

Para el DIH y el CICR, un Estado libra un conflicto armado interno cuando dentro de su territorio, las fuerzas armadas estatales enfrentan grupos armados organizados, o, grupos armados organizados se enfrentan entre sí, también dentro del territorio estatal. El conflicto armado debe ser sostenido y demostrar cierta intensidad en sus acciones, para diferenciarse de otros fenómenos como tensiones internas, disturbios, motines, asonadas y otros actos esporádicos y aislados de violencia. Además, los grupos armados deben tener características como estructuras de mando, organización interna, capacidad ofensiva y control territorial, así sea temporal. Por este motivo el ELN, el EPL, las AGC y las disidencias de las FARC son considerados grupos armados organizados.

El desconcierto y la confusión que puede generar el informe del CICR en un sector de la ciudadanía es en parte responsabilidad del Gobierno anterior. Una vez lograda la firma del Acuerdo de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, el expresidente repetía de manera reiterada que “la guerra en Colombia ha terminado”, como lo hizo ante la Asamblea General de la Naciones Unidas el 21 de septiembre de 2016.

Si el expresidente Uribe se equivocaba al afirmar que en Colombia no existía conflicto armado, Santos lo hacía al afirmar que este había culminado. En su afán por destacar el importante logro histórico que representaba el Acuerdo de paz, el gobierno de Santos demostró una vez más que la falta de pedagogía ante la opinión pública sobre lo que significaba el proceso de paz, fue una de las falencias más grandes de su gobierno.

La firma del Acuerdo significó el fin del conflicto armado con las FARC, no el fin del conflicto armado interno en Colombia. Precisamente uno de los retos más grandes que enfrenta nuestro posconflicto es la persistencia de actores armados y economías ilegales. En el actual mundo de ‘fake news’ y posverdad, diagnosticar nuestra realidad acertadamente e informarla a la ciudadanía es un compromiso de todos.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB o a sus directivos.

*Profesor de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades, UTB

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