Política


Gustavo Petro ante la ONU, entre el realismo mágico y la realpolitik

Su discurso, proclamado en la Asamblea General de la ONU, está cargado de simbolismos. Sus palabras son una proyección de lo que se viene en la política.

Agustín Leal Jerez

25 de septiembre de 2022 12:00 AM

Impecable pieza de oratoria el discurso del presidente de Colombia, Gustavo Petro, ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Una formidable muestra de la prosa garciamarquiana, preñada de ese realismo mágico, encubridor de esa realidad que solapamos con las palabras que no nos atrevemos a develar y que solo las expresamos a través de simbolismos lingüísticos. (Lea: Nuestra tarea tiene que ser por un país tranquilo: expresidente Uribe)

Si al discurso de Petro lo despojamos de las figuras y giros literarios no nos queda más que otra diatriba de un líder latinoamericano en contra del imperialismo, con la misma filosofía que de la de Fidel Castro cuando habló de la idea siniestra de convertir los alimentos en combustibles, relacionada con el contexto del cesarismo latinoamericano que nos ha caracterizado casi que desde nuestra existencia.

Indudablemente el discurso es desafiante y provocador. Es un vuelco a la política exterior que el país ha construido en los últimos 100 años, donde la realpolitik ha sido su dominante. Nos hemos acostumbrado a tragar sapos a costa de no perjudicar las relaciones con los grandes ejes económicos y políticos del mundo.

El discurso, indiscutiblemente, va a tener enormes consecuencias externas e internas para la política colombiana.
En política exterior

Primero, el discurso de Petro puede descarrilar la política bipartidista que se está tratando de implementar en Estados Unidos, a través de un proyecto de ley impulsado por el senador demócrata, Bob Menéndez, para que las relaciones diplomáticas con Colombia no sufran con cada cambio de gobierno.

Cabe recordar que la política antidrogas es una de las principales banderas del Partido Republicano, iniciada por Richard Nixon y popularizada por Nancy Reagan, en la década de los años 80. En los próximos debates electorales veremos cómo las relaciones con nuestro país serán el centro de la política americana, especialmente, en los estados de Texas y Florida.

En segundo renglón, el fracaso de la lucha contra las drogas no superará la retórica, los aplausos y los réditos políticos de quienes la impulsan. Ni siquiera la China comunista, país con ideología de izquierda y con la suficiente fuerza geopolítica para hacerlo, la respalda. Una muy dura experiencia guarda China sobre el tema, en el seno de su historia.

Por otro lado, la proclama de Petro a favor de la lucha contra el cambio climático y las guerras fratricidas de la humanidad fue respondida, de inmediato, por el presidente de Rusia, Vladimir Putin, otro nombre de la vieja izquierda, convocando a 300 mil soldados para fortalecer la guerra con Ucrania, avocando al mundo a una guerra nuclear.

El noble intento por sindicalizar a América Latina frente a su gran deuda pública, para que los países ricos se la amorticen, a cambio de sus esfuerzos en la disminución del calentamiento global, es solo un gran sueño, pero sin vocación de ir más allá, de convertirse en el líder de la región.

Además, su posición frente al mundo, en un escenario como la Asamblea General de la ONU, con respecto al uso de los combustibles fósiles y la minería nos deja sin maniobras de cara a la bonanza de comodities energéticos que se vienen, con ocasión del escalamiento de la guerra de Ucrania.

En la política interna

La férrea posición del presidente Petro contra la lucha antidrogas, su defensa a ultranza de los actores involucrados en su cadena de producción, su comprensión hacia los actores que la apalancan con sus armas y sus estructuras militares, nos puede deslegitimar frente a la opinión pública y al mundo entero, cuando por cualquier circunstancia nos tengamos que ver obligados a combatirlos sin cuartel.

Sin dejar de mencionar, como mero ejercicio académico, que ese discurso apologético, de esa actividad ilegal, puede ir en contravía de lo establecido en los artículos 34 y 209 de la Constitución Política de 1991, por el grave deterioro de la moral social que esta actividad produce y los deberes que la función pública del Estado le impone.

Aunque Gustavo Petro ha sido cuidadoso en las relaciones con Estados Unidos y sutil en el lenguaje empleado, le puede suceder a nivel interno algo parecido con el fenómeno de las invasiones de tierras en el país. Las fuertes cargas subliminales contra el capitalismo salvaje, sus formas imperialistas y su irracionalidad, pueden exacerbar el sentimiento antiyanqui en Colombia, por lo que podríamos estar reviviendo las obsoletas consignas de “¡Fuera el imperialismo yanqui!” en las manifestaciones públicas.

El hecho de quitarle protagonismo político, a nivel internacional, al expresidente Juan Manuel Santos; y a nivel interno, minimizar y hacer trizas su Acuerdo de Paz con su propuesta de la Paz Total y sus multiformes aristas, puede mermarle mucha maniobra política interna.

El presidente Petro, en las actuales circunstancias fiscales del país, agravadas por su posición frente a los combustibles fósiles y la minería, tiene que elegir entre pretender ser salvator mundi, el líder político de Latinoamérica, un nuevo Nobel de la Paz, o gobernar a los colombianos y sacarlos de la pobreza.

Pero sin duda alguna, lograr el milagro y convertirse en un gran líder mundial o regional, le permitiría, sin mayores esfuerzos políticos internos, profundizar las reformas políticas y económicas que su programa de gobierno contiene.

*Abogado, especialista en derecho público con experiencia en derecho urbanístico, ordenamiento territorial, contratación estatal y gerencia de la defensoría pública, entre otros temas.

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