Política


Los colores, poderosos aliados para ganar la Presidencia de Colombia

La psicología del color es uno de los ingredientes esenciales en toda receta de éxito electoral. En esa dimensión la política se tramita a través de emociones.

OMAR CARRASQUILLA LEÓN

04 de enero de 2022 12:00 AM

Resulta bastante emotivo cuando un colombiano está viendo un partido de fútbol de alguna liga europea y, en medio de la tribuna, algún compatriota enarbola, como una pequeña isla en un mar de gentes, los colores: amarillo, azul y rojo.

(Lea: 2022, un año decisivo para la política en Colombia, así está el panorama)

La conexión entre un ciudadano y los colores patrios de su bandera es de las más genuinas que hay en la sociedad. El poder de los colores en las emociones de los individuos es inexorable. “Hace más de un siglo los colores aportaron a la política un elemento fundamental: captar la atención de los votantes, generar emociones, y evocar sensaciones distintas”, expresa Gaby Otazo, politólogo y asesor de marketing político.

Nicolás Maquiavelo aseguraba que: “Los hombres en general juzgan más por los ojos que por las manos, porque el ver pertenece a todos, pero el palpar a pocos. Todos ven lo que pareces, pocos palpan lo que eres”.
Los colores, poderosos aliados para ganar la Presidencia de Colombia

Nicolás Maquiavelo, filósofo político.

Otazo añade que: “en El Príncipe, Maquiavelo nos ayuda a entender la importancia del parecer, pero sobre todo, nos ayuda a comprender cuán importante es la construcción estratégica de la imagen de un político”, por consiguiente, la llamada “psicología del color” es uno de los platos fuertes de todo menú electoral.

Daniel Eskibel, consultor político, explica que: “hoy en día, toda campaña electoral se identifica con un color, el candidato es un color. Toda campaña electoral necesita eso: que en el cerebro de los votantes se asocien fuertemente determinados colores con el partido y el candidato. Una asociación que se aprenda rápidamente y que luego sea veloz y casi automática”.

La elección del color político del aspirante o del movimiento es una tarea ardua. Una mala síntesis entre candidato y escogencia cromática con relación a cualidades personales, particularidades ideológicas, carisma y capital político, derivará en que el proyecto resulte ficticio, artificial o, en el peor de los casos, que el electorado sienta que es una treta, un engaño, donde el color y el personaje no concuerdan ni hay diferencia con el resto de los políticos.

Actualmente, la campaña es color y este es comunicación y persuasión. Dependerá sólo de la buena utilización de los mismos lograr el objetivo político y electoral”

Gaby Otazo.

Marketing político con crayolas

El consultor político, Gaby Otazo, describe al mundo en el que vivimos como un escenario de colores, donde la construcción de la imagen de un candidato y su marca se reaviva con ellos. “Hay que darle color a la campaña, pero también hay que darle color al mensaje”.

Por consiguiente, la conexión y percepción psicológica del significado de los colores evoca a determinados valores afectivos emocionales o conceptuales. “De este modo, el color es un factor subjetivo, ya que su importancia y significado varían no solo de persona en persona sino de una cultura a otra. Cada país, cada nación, cada pueblo e incluso cada persona poseen una identificación única con cada color”, indica Otazo.

Para potenciar objetivos políticos la selección de colores se realiza no solo en piezas publicitarias sino en los detalles más ínfimos de la vestimenta del candidato como un prendedor o una corbata. “Hace casi treinta y cinco mil años que nos expresamos mediante colores. Los colores equivalen a cerca del 85% de la razón por la que una persona elige un producto sobre otro”, explica Isaac Hernández, experto en marketing electoral.

Los colores, ¿qué representan?

Es recurrente ver en corbatas los colores primarios. En Colombia el rojo y el azul siempre han estado relacionados a los partidos más tradicionales, el Liberal y el Conservador, respectivamente. El verde ha sido adoptado por movimientos alternativos próximos a propuestas medioambientales y animalistas; y el amarillo es típico de facciones de izquierda, cercanas a una agenda obrera y sindicalista.

Recientemente, otros colores han ganado terreno alejándose de premisas emotivas o sentimentales, para acercarse a estamentos discursivos. Es el caso de Iván Duque, presidente de Colombia, quien desde que emergió en la política tiene como propuesta bandera la economía naranja, por lo tanto, es un color que siempre lo ha rodeado y es portada de su libro: Efecto Naranja.

Los colores, poderosos aliados para ganar la Presidencia de Colombia

Según el consultor Hernández, el azul se relaciona con el control, la autoconfianza, modernidad, positivismo, ambición, determinación, armonía, progreso, libertad. En su tonalidad marino llega a asociarse con la lealtad, la sinceridad, la paz, el éxito. Es el matiz masculino por excelencia y el que más se asocia a los partidos conservadores, la derecha.

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Por otro lado, en política, el rojo es sinónimo de pasión, emoción, energía, juventud y liderazgo. “Es un tinte también muy utilizado en figuras políticas como símbolo de gran formalidad. En tonalidades más oscuras como el rojo vino también llega a representar clasicismo, conocimiento, poder. El rojo en política está muy de la mano de los partidos progresistas, la izquierda”, expone Hernández.

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El morado, además de ser el color de las causas feministas desde los años 70, también representa lo no convencional y a la empatía. El rosado se relaciona con el compromiso, el respeto, lo femenino y la incondicionalidad.
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El verde se asocia con la naturaleza, el equilibrio, el crecimiento, la prosperidad y la estabilidad. “Hace gala de llevar la bandera de lo ético, lo sereno, la calma, un nuevo comienzo y con ciertos tintes de generosidad”, agrega Hernández, con relación a los principios constitutivos de partidos como la Alianza Verde en Colombia.

El naranja, por su parte, es próximo al centro político, entusiasmo, creatividad, éxito, la vitalidad, amabilidad, innovación; en la otra acera, el amarillo es una tonalidad que fatiga la vista, según expertos; sin embargo, significa inteligencia y buen humor. Un color asociado a causas liberales, democráticas, independientes y progresistas.

Por último, el blanco, un color acromático, se contrapone al negro. Un color de gran impacto mental en el electorado. Representa valores marco de una sociedad, sueños colectivos: la transparencia política y la paz. Desde otro ángulo, el negro, más allá de su manto aterrador, nocturno y de muerte, se asocia con la elegancia, seriedad, exclusividad y fuerza.

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Asignatura pendiente para asesores políticos

Sin lugar a dudas la psicología política del color navega en un mar de subjetividades y emociones, por lo que afirmar que las asociaciones y representaciones son tácitas y dogmáticas es incongruente, sí es un elemento primordial para forjar el éxito en las elecciones políticas. “La comunicación tiene muchos compañeros de viaje, los colores y su buen uso son sin duda algunos de ellos”, concluye Isaac Hernández.

Y agrega: “los colores dicen mucho de los políticos, del eslogan, de la ropa que visten, etc. Es por ello, que deben estar bien asesorados para no causar una mala impresión, ni querer desviar su mensaje, ni la decisión de su audiencia”. Por ende, el buen uso de los colores en la asesoría de los candidatos es tan crucial en una tarima, cuando los espectadores pueden pasar de la aclamación al abucheo, en un chasquido de dedos, por un mensaje mal enviado.

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