Lo único que se escuchaba a lo lejos era su voz. Traté de buscarlo en medio de las calles para ver de quién se trataba, pero no pude conseguirlo.Solo alcancé a entender, en medio del bullicio que se produce en la plaza principal, que estaba extendiendo una invitación para un baile con picó que se realizará los próximos días aquí en Marialabaja.
De un momento a otro ese sonido que salía de un megáfono desaparece. Me quedé en la plaza mirando para todos lados para saber quién era ese personaje que anunciaba de todo. Pero lo único que vi fue un “enjambre” de mototaxistas parqueados y otro montón que iba y venía en busca del sus-tento. Desistí de la idea y procedo a hacer mi trabajo.
Luego de ocupar gran parte de la mañana en mi labor periodística, nuestro guía y colega Eduardo Jiménez me dice: !Mira quién va allá - ¿Quién? -, le respondí. “Al que tú buscabas. ‘El Cilla’, el suéter rojo que va allá, señaló.
Le pregunté a Eduardo por qué de le decían “el Silla”, que era cómo inicialmente pensaba que se escribía. Me dijo que no sabía.
‘El Cilla’ caminaba muy rápidamente. En su mano izquierda llevaba un celular “sisbén”. Claro que ni tan ‘sisbén’, porque a ese le mete música que es con el que anima a la gente para que lo escuche.
En la otra toma ‘micrófono’ del megáfono y comienza a leer, a través de su celular, las pautas publicitarias del día. “La rumba es este fin de semana con El Imperio... no te quedes en tu casa, diviértete sanamente y verás que la pasarás bacano”, anunció. Inmediatamente acercó el ‘sisbén’ al megáfono para poner la música de fondo que acompañaba la publicidad.
“La emisora soy yo”
Al preguntar por René Alfonso López Cañate en Marialabaja es posible que nadie de alguna razón. Él mismo lo dice. Pero si busca a ‘El Cilla’ de inmediato se lo ubican donde quiera que esté.
Como cualquier trabajador que se respete cumple con sus ocho horas de labores. Se levanta a las 5 de la mañana y antes de salir para su ‘oficina’ (como le llama a la calle) realiza algunas labores en casa y a las 8 a.m. sale a vociferar sus anuncios. Suspende a las 12 del medio día, para de nuevo arrancar a las 2 p.m. y culminar su jornada a las 6 p.m.
Se rió cuando le pregunté por su apodo de ‘El Cilla’. “Es que el pasado periodo para las elecciones de Alcalde (2007), estuve con la doctora Diana Mancilla. Ella en esa oportunidad no quedó. Y yo, para poner a sonar su nombre, me ideé una estrategia que fue de repetir ‘cilla que cilla Diana Man-cilla’ y desde ahí me quedé así”.
Pero explicó que en esta oportunidad no pudo acompañar a Mancilla en las pasadas elecciones y “volví a perder. Pero esas son las cosas de la vida y de la política”, dijo mientras se reía.
Dialogando con él dijo que no cree que sea el mejor, pero que es posible que por su estilo lo busquen más que a otros. “Aquí vienen empresas celula-res, campañas de salud, gente que quiere que les anuncie un aviso funerario. Si se pierden unos documentos, aquí está ‘El Cilla’ que lo dice y ayuda a encontrarlos. El que quiera una buena publicidad sabe que cuenta conmigo”.
Recordó que su talento se lo ayudaron a descubrir hace como diez años. “Ni yo mismo sabía que lo hacía también y un locutor de aquí, Milton To-rres, me dijo que lo hacía muy bien y fue cuando decidí comenzar a trabajar haciendo esta publicidad”.
Dice que en principio salía a buscar sus clientes, pero ahora son muchos de ellos los que lo buscan para que sus anuncios puedan tener buena recep-tividad dentro de la gente de Marialabaja.
“Me va bien por que como aquí no hay emisora. Entonces la emisora soy yo”, precisó.
Recuerdos de Mampuján
De su natal Mampuján, corregimiento de Marialabaja y que sufrió los embates de los temidos grupos al margen de la ley, recordó los momentos en que disfrutaba de las bendiciones del campo. Pero que les fueron arrebatadas por un grupo paramilitar que lo obligó a abandonar sus tierras junto a sus padres y sus hermanos.
“Fue feo. Nos reunieron en la plaza de Mampuján, si mal no recuerdo un viernes por la tarde y nos dijeron que teníamos que abandonar el pueblo en las siguientes 24 horas. Fue así como desde el año 2000 me vine para acá para el casco urbano y gracias a Dios mi familia está bien”, dijo.
Aunque muchos han decidido regresar aún cree que él no tiene esas garantías. “Me gustaría regresar, pero tiene que ser con trabajo. La diferencia de ahora como cuando uno vivía en el campo es diferente. La comida no preocupa tanto porque allá hay que la yuca, el maíz y más cosas. Y si uno no tiene algo le dice al vecino ‘déjeme entrar a coger un gajito de plátano’ y no pasa nada. Todos nos ayudamos”.
Comentó que hay días en que se gana hasta 80 mil pesos, pero tiene que trabajarlos bien duro. “Sin embargo hay días que me voy limpio para la ca-sa. Pero siempre me levanto a orar todos los días a Dios para pedirle que siempre me vaya bien”.
Un gran sueño
Caminando en medio de la gente dice que tiene un gran sueño. “Aunque dicen que loro viejo no da la pata, yo no pierdo la esperanza de verme detrás de unos micrófonos como periodista, haciendo narraciones deportivas. Eso sería un gran sueño”.
También espera que su tierra sea otra vez la misma de antes, pues aunque muchos han decidido regresar esos recuerdos aún perturban a muchos. “El desplazamiento fue duro. Incluso hasta el mismo grupo, en aquel momento dijo que podíamos regresar, que ya no había problema. Pero nadie se atrevió”.
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