Las Fiestas de la Virgen en cuarentena en El Carmen

06 de julio de 2020 12:00 AM

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Tenía los ojos abiertos a la 1 de la mañana, adivinando las lagartijas que caminaban por el techo de la casa de mis padres en El Carmen de Bolívar, cuando un ruido acalló a los sapos que ofrecían un concierto en el patio. Los ladridos de los perros en la calle también se desvanecieron, quedando para escuchar el tintineo de una llovizna que, ligera y todo, anunciaba la llegada de una época especial: era 1 de julio, el primer día del mes de la Virgen del Carmen.

Cuatro horas más tarde, una banda musical se ubicó frente al Santuario Nuestra Señora del Carmen y tocó la música con que cada año se pasea a ‘Carmencita’. Acostados en nuestras camas, escuchando la música de banda, algunos recordamos el olor a bola e candela prendida y casi nos comemos el cuento de que habíamos vuelto a la normalidad.

La procesión inmarcesible

No recuerdo ningún evento, catástrofe o amenaza que impidiera que un 16 de julio los carmeros sacaran en sus hombros la imagen de la Virgen del Monte Carmelo, para pasearla en el barrio arriba y devolverla pasada la medianoche en medio de los fieles que se agolpan en la plaza para ver a su santa patrona.

Entre 1998 y el 2003, cuando el asedio paramilitar convirtió a los Montes de María en un territorio lleno de muertos y miedo, la junta de las fiestas patronales se las arregló para sacar la imagen más temprano, hacer una procesión exprés y devolverla antes de la medianoche. Apenas se acababan los juegos pirotécnicos que anunciaban la entrada de la Virgen al santuario, se veían los ríos de personas caminando en grupos de 10 y de 20, haciéndose compañía para llegar vivos a la casa en una época donde el saludo de la mañana era preguntar quién apareció muerto.

Tal vez por esa firmeza de otros años, el párroco del santuario Leopoldo Corrales anunció el 23 de junio de este año por el canal regional Telemontes de María que la Virgen del Carmen saldría a recorrer las calles del municipio, sin procesión y con un esquema de la Armada y la Policía Nacional que garantizara el orden público del evento.

“La imagen de la Virgen del Carmen sale el 16 de julio y a la hora acostumbrada”, sentenció.

Mi papá, sentado en una mecedora en la terraza de mi casa, vaticinó algo más seguro que la sentencia del padre: “Vas a ver tú al poco de gente en caravana detrás del carro de la Virgen, ese es mal invento”.

A los pocos días, el alcalde Carlos Torres Cohen anunció la cancelación del recorrido y más tarde el padre Corrales habló de una celebración virtual que empezaría el 1 de julio con la apertura de las fechas y continuaría los días de novena, con transmisiones por redes sociales y canales regionales.

El pueblo confinado

El COVID-19 recogió a la Virgen, pero no a sus devotos. La administración municipal se ha inventado varias tácticas para que los carmeros mantengamos la cuarentena inteligente, practiquemos el distanciamiento y nos recojamos en casa, pero esas medidas parecen cada vez más insuficientes.

Con casi 50 casos confirmados, cuatro fallecidos y un lote de policías contagiados, estos días – festivos por tradición – pueden ser el escenario de un desorden más grande que el de los tres puentes festivos anteriores.

En la mañana del 4 de julio, a pocas horas de que empezara a regir el toque de queda y la ley seca a las que el alcalde ya nos tiene acostumbrados para evitar aglomeraciones, el panorama en el centro del pueblo era el de un sábado normal. Lo único que indicaba que seguíamos en pandemia era que la mayoría de las personas transitaba las calles con tapabocas.

“Ya lo sabe, ¿verdad? Este año no hay na’ de eso. Ni procesión, ni na’”, me dijo un vendedor de tintos mientras le tomaba fotos a una solitaria imagen de la Virgen del Carmen ubicada a un costado del santuario. Su frase resume la ausencia de vendedores de artesanías que cada año armaban feria en la plaza, la falta de feligreses al pie de la Santa que está en la entrada del pueblo y que por estos tiempos ya estaba llena de velas prendidas y otras derretidas; resume las puertas cerradas de la iglesia y el ruido de la zona comercial que solo suena a comercio y no tiene de fondo ninguna canción referente a la patrona.

Lo que no se lleva la pandemia es el invierno, las brisas mojadas, las tardes oscuras y los aguaceros repentinos de julio, que los viejos relacionan con bendiciones de la Virgen. La pandemia no quita que en cada casa de creyentes haya ahora una copia pequeña de la Santa, rodeada de flores silvestres y velas de agradecimiento. Y no se acaba tampoco el ímpetu con que el párroco Leopoldo se mudó al mundo digital para llevar la novena de la Virgen a las casas de los devotos, que ya tienen más de tres meses sin pisar las baldosas del santuario.

A partir de este 7 de julio los carmeros viviremos las fiestas de manera muy distinta a lo que siempre vivimos, pero desde que empezó este mes, en algún momento de la tarde, el cielo se nubla, corre la brisa y amenaza la lluvia, como si la naturaleza anunciara que con ella no hay pandemia que pueda y que el día de la Virgen del Carmen caerá un aguacero como casi todos los años y a la hora acostumbrada.

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