Lo terrible de morir en época del COVID-19

07 de abril de 2020 06:45 PM
Lo terrible de morir en época del COVID-19
El cuerpo de Erasmo de la Barrera permaneció cinco horas en el andén. //

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Erasmo de la Barrera Movilla se llevó las manos al pecho. El movimiento de la bicicleta, en la que se movilizaba, se hizo más lento y en cuestión de segundos su cuerpo yacía en la mitad de la calle de la sexta etapa del barrio La Pradera en Montería.

Justo en ese momento pasaba por el lugar un vendedor de patillas, quien sin pensar en los riesgos que implica la muerte en época de pandemia, dejó su vieja carreta a un lado de la vía y corrió en su socorro.

Con la fuerza que le ha dado su trabajo rudo por las calles de Montería, alzó el lánguido cuerpo de la Barrera y lo depositó suavemente en la terraza de una casa del sector, justamente en la del presidente de la Junta de Acción Comunal. Allí la sombra permitiría que su salud mejorara, por lo menos eso creyó. Sin embargo, el hombre estaba muerto.

Habían pasado pocos minutos cuando la gente del lugar empezó a aglomerarse junto al cuerpo inerte, pero nadie se atrevía a tocarlo. Corrió el rumor que estaba tosiendo minutos antes de caer al piso y eso fue suficiente para que todos huyeran despavoridos.

Llegó la Policía y los familiares de la víctima. El llanto desgarrador de la hija hizo que algunos testigos se asomaran tímidamente por la ventana, pero nadie quería acercarse, pues temían que hubiera muerto de COVID-19.

Pasaron una, dos, tres. cuatro y cinco horas y el cuerpo de Erasmo aún estaba a la vista de todos. Nadie prestó una sábana para taparlo, como suelen hacerlo en circunstancias normales en Montería.

Después de este tiempo, llegó el Cuerpo Técnico de Investigaciones para hacer el levantamiento del cadáver, pero lo hicieron con los trajes de bioseguridad, pues hasta ese momento se desconocía la causa de la muerte.

SU RECORRIDO

Los familiares de la Barrera no salen de su asombro porque las autoridades les indicaron que no entregarán su cadáver, pues hay que seguir los protocolos correspondientes.

Con los rostros llenos de lágrimas dijeron que él había acompañado a un familiar de la tercera edad a reclamar un subsidio. No tenía tos, ni ningún síntoma que los pudiera hacer creer que tuviera esa enfermedad de la que tanto han hablado en el mundo y que para el caso de Córdoba han confirmado siete casos.

Regresó a casa con su familiar y a los pocos minutos tomó su bicicleta para salir al mercado a comprar algunos alimentos para la familia. Justo cuando se disponía a regresar a su casa, en el barrio Mogambo, sur de Montería, sintió el dolor en el pecho y se desplomó ante la vista de todos.

Después de varias horas La ESE Vida Sinú envió un médico en una ambulancia con los correspondientes elementos de protección personal, para realizar la inspección del cadáver. En la entrevista a los familiares, estos insisten en que no tenía siquiera gripa.

En medio del llanto sus familiares decían: “ahora en esta época nadie se puede morir porque todo el mundo cree que es por coronavirus. Nosotros necesitamos que nos entreguen el cadáver para enterrarlo y despedirlo como se merece”.

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