Ratifican fallo contra falso cirujano plástico que operaba en Montería

17 de octubre de 2019 12:02 PM
Ratifican fallo contra falso cirujano plástico que operaba en Montería
Médico Ramiro Pestana. // CORTESÍA

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La Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Montería ratificó, en fallo de segunda instancia, la sentencia condenatoria contra el médico general Ramiro Pestana Tirado, por el delito de lesiones personales culposas.

El galeno había apelado un fallo de primera instancia del Juzgado Segundo Penal Municipal, en el cual lo condenaban a pagar 17 meses de prisión, lo inhabilitaba como médico por 64 meses y lo obligaban a indemnizar económicamente a su demandante.

El fallo se originó luego de la denuncia hecha por la universitaria Diana Cordero, quien se sometió a una liposucción y abdominoplastia y terminó con múltiples complicaciones que estuvieron a punto de causarle la muerte, luego del procedimiento hecho por el falso cirujano.

En el nuevo concepto jurídico del Tribunal se ratifica el fallo del juzgado, pero se modifica el tiempo de inhabilidad a 17 meses, es decir el mismo tiempo que debe permanecer en prisión.

Hay que indicar que contra esta decisión del Tribunal procede el recurso de casación ante la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, medida a la que seguramente apelará el profesional egresado de la Universidad de Cartagena.

En Montería otras mujeres se sumaron a la denuncia de Cordero, luego de haberse practicado lipectomías (cirugía de abdomen) y quedar con cicatrices y también están pidiendo indemnizaciones económicas.

La víctima calificó de positiva la decisión del Tribunal para sentar un precedente por lo ocurrido. Explicó que luego de la cirugía, la herida que tenía en el abdomen se le infectó y por ello tuvo que someterse a cuatro intervenciones para remover el tejido podrido, lo que le implicó una incapacidad de nueve meses, tiempo en el cual tuvo que permanecer en su casa tomando antibióticos y aplicándose tres cremas especiales.

También contó que se le cayeron los dientes, se le dañó el pelo, se desmayaba, la tenían que inyectar en el cuello porque sus brazos ya no resistían una inyección más, pero lo más grave de todo, según afirmó, es que el médico nunca le respondió por lo que le había ocurrido, razón por la que empezó la batalla jurídica que hoy la favorece con un fallo de segunda instancia.

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