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En Macayepos, pedagogía de las emociones para la paz

Es un espacio que promueve una cultura de diálogo generativo, democrático e inclusivo, de acuerdo con principios de ética social, orientados al mejoramiento de las prácticas pedagógicas en las aulas de clases.

RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P.

09 de agosto de 2020 12:00 AM

La educación de las emociones es vital para fomentar la motivación en las personas, para que sean más autónomas, capaces de estructurar su propio proceso de aprendizaje; y por ello, más creativas, emprendedoras y listas para tomar sus propias decisiones”.

De esa forma se expresa Álvaro Castillo Agámez, rector de la “Institución Educativa Técnica Agropecuaria de Macayepos”, localizada en la Alta Montaña, del municipio de El Carmen de Bolívar.

Este docente instituyó, con la comunidad educativa (representada en directivos, docentes y estudiantes) la experiencia significativa “Cultura humano-natural a través de pedagogía de las emociones”.

Según Castillo Agámez, este enfoque educativo permite a los estudiantes promover una cultura para desarrollar y fomentar pedagogía en una comunidad caracterizada como sujeto de reparación colectiva, por ser producto del desplazamiento y la violencia.

“La pedagogía de las emociones para la paz --explica-- permite promover la cultura del diálogo generativo, democrático e inclusivo, de acuerdo con principios de la ética social, orientados al mejoramiento de las prácticas pedagógicas en las aulas de clases, como parte de su compromiso de promover la participación de la sociedad civil, buscando establecer relaciones sociales equitativas, constructivas y pacíficas”.

El rector considera que la iniciativa se constituye en un interesante reto para directivos, docentes y administrativos.

“Estos niños --continúa-- portaban un morral repleto de desesperanza, temor, desconcierto, ira y, en muchos casos, baja autoestima. Aunque esa comunidad retornó hace muchos años, su gente todavía expresa secuelas de violencia y abandono”.

Ese diagnóstico mostró la necesidad de poner en marcha estrategias que hagan aportes significativos hacia el fortalecimiento de las emociones, no solo en los educandos, sino también en los estamentos que participan de su formación.

“Esta comunidad también tiene un alto porcentaje de niños y jóvenes provenientes de hogares disfuncionales. Por eso, la pedagogía de las emociones comienza valorando los conocimientos previos de cada miembro y cómo estos harían aportes significativos a la interdisciplinariedad que debería presentarse en los proyectos pedagógicos transversales de nuestro plantel. Si son amantes del deporte, ¿por qué no organizar una escuela de formación deportiva? Si los Montes de María son ricos en folclor, aprovechemos el talento musical. Si Macayepos es zona de alta productividad agrícola, enseñemos emprendimiento y protección del medio ambiente, etc.”

Estos y más planteamientos, afirma Castillo Agámez, propiciaron la necesidad de desarrollar la propuesta y disminuir el ausentismo, la deserción, la violencia intrafamiliar, el matoneo y el bajo rendimiento académico.

Asimismo, la I.E. resalta la labor que viene desempeñando la Secretaría de Educación de Bolívar, para el fortalecimiento de la salud mental de la comunidad educativa, como estrategia para lograr que el proceso formativo, con modalidad virtual, que se viene aplicando en la sede principal y sus diez sedes tributarias, produzca resultados favorables que contrarresten las afectaciones producto de la pandemia.

“Nuestra institución –dice Castillo-- lidera la inclusión de muchas entidades que apoyen para lograr el impacto esperado. Personas jurídicas como la Fundación Desarrollo y Paz, en asocio con la Corporación Canal del Dique; la Universidad de Cartagena y su Observatorio de Paz; y el programa Familias en su tierra, entre otros, nos respaldan”.

Castillo Agámez dice ser un convencido de que “partiendo de un estado de bienestar, en el cual el individuo se percate de sus propias aptitudes, este puede afrontar las presiones normales de la vida, trabajar productiva y fructíferamente, y ser capaz de hacer una contribución a su propia comunidad, por muy marginada que esté”.

Igualmente, sostiene que “la visión humanista de la educación moderna exige a los maestros de Bolívar una posición filosófica, que movilice las prácticas pedagógicas hacia la construcción de nuevos saberes, nuevas formas de comunicarnos, nuevos métodos, nuevas maneras de ser y de actuar, que reflejen el tipo de educación que ofrecemos en los ambientes escolares”.

Resalta, además, que el ser humano actúa de forma inconsciente, regido por emociones y sentimientos que son parte esencial en la formación de su identidad.

Jairo Antonio Padilla Díaz, docente de Idiomas e Informática, opina que “la educación emocional (y con ello, la pedagogía de las emociones) es fundamental para el proceso de aprendizaje, sobre todo para una educación en valores y el desarrollo de las habilidades cognitivas. De igual modo, proporciona un bienestar psíquico que potencia la capacidad de obtener una mayor resolución ante problemas personales o colectivos. Nuestro compromiso es más relevante cuando la situación actual nos obliga a estar distanciados de nuestros discentes. Pero, teniendo en cuenta las normas de bioseguridad, hacemos seguimiento a la mayoría de los jóvenes, aunque muchos están en zonas con poca cobertura, pero con la convicción de que hay un Estado que vela por su bienestar emocional y por generación de paz”.