Regional


En Rocha combaten el COVID-19 con “matrimonio” y ñeque

Se trata de una combinación de pastillas y una borrachera con el ron artesanal, que allí se fabrica desde tiempos coloniales.

RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P.

14 de septiembre de 2020 12:00 AM

Podría considerarse que en el corregimiento de Rocha hay más de una emergencia sanitaria, pero sus habitantes se notan inalterables, como si todo hiciera parte de la misma rutina que los envuelve desde siglos inmemoriales.

Rocha es uno de los cuatro corregimientos pertenecientes al municipio de Arjona, del cual dista unos treinta minutos, a través de una carretera destapada, que también es utilizada para alcanzar la carretera del sector industrial de Mamonal, en Cartagena. Así como la vía de acceso, están todas las calles de pueblo.

Pero lo más preocupante son las amenazas sanitarias. Para empezar, nadie usa tapaboca, a nadie se le ve por las calles con una botella de alcohol o gel antisépticos, ni evitan las aglomeraciones, sobre todo cuando es fin de semana y se encienden los picós en las principales calles del pueblo.

Asegura Benjamín Marín Arias, uno de los nuevos dirigentes sociales del corregimiento, que algunas personas han experimentado los síntomas del coronavirus, “pero lo espantan por medio de una estrategia medicinal que llaman ‘el matrimonio’, que consiste en combinar una tableta de Acetaminofén con una de Nimesulida. Cuando el paciente comienza a sentirse mejor, completa el ‘tratamiento’ consumiendo una botella de ñeque de seis mil pesos”.

Milenis Díaz Chiquillo, la corregidora, sostiene que se han conocido entre siete y ocho decesos de ancianos, aquejados por gripas que presentan la sintomatología del COVID-19, pero los familiares aducen que se trata de gripas comunes o de pulmonías, que hacen rendir a los pacientes debido a sus avanzadas edades.

“Lo cierto --continúa la corregidora-- es que, desde que se declaró la pandemia, por aquí no han venido las autoridades de salud a hacer campañas de prevención donde se regalen tapabocas y alcoholes, como las que hemos visto en los medios de comunicación”.

La segunda amenaza está en el Barrio Abajo, donde las paredillas del cementerio se han ido desplomando paulatinamente hasta dejar al descubierto el conjunto de tumbas, y a la vista de unas cien familias vecinas de la necrópolis.

Sobre algunas bóvedas caminan los perros callejeros y se montan las gallinas, mientras los cerdos devoran los matorrales que surgen apretados entre el derruido pavimento, que muestra señales de haber sido construido hace miles de años, como también se muestran algunos restos mortales.

La corregidora asegura que está organizando una campaña con los residentes, para construir un nuevo encerramiento, el cual ha empezado con una cerca de listones de madera y alambres de púas, pero en realidad se necesitan, aproximadamente, cien metros de paredilla con nuevos ladrillos resistentes a la intemperie y al salitre de los muertos, que a veces es arrastrado por la brisa de la ciénaga Juan Gómez.

“También se requiere --advierte la funcionaria-- que los dolientes vengan a hacerles mantenimiento a sus tumbas, porque desde que entierran a sus parientes nunca vuelven, y las bóvedas se van deteriorando con la lluvia, el sol y la brisa”.

De todas maneras, Díaz Chiquillo cree que la solución más expedita consiste en que los vecinos se organicen y construyan el encerramiento, porque siempre que las consecutivas administraciones municipales han visitado el pueblo, se les habla del cementerio, pero todo queda en anuncios, planes, mediciones y esperas.

A propósito de la ciénaga Juan Gómez, tal como en el vecino corregimiento de Puerto Badel, es de ese cuerpo de agua de donde los pescadores extraen el sustento, pero al mismo tiempo recibe las corrientes de aguas servidas de las viviendas cercanas, puesto que en Rocha no hay redes de alcantarillado.

Por eso algunas calles permanecen invadidas de riachuelos de agua jabonada e hilillos de corrientes oscuras y hediondas, que permanentemente penetran al puerto, donde reposan las canoas de madera que los pescadores internan diariamente en las selvas de taruyas, que ocultan los senderos navegables.

Aparte de las aguas residuales, en Rocha también se conoce otro tipo de agua que llega a las viviendas mediante unas tuberías artesanales y que las amas de casa desbravan con chorros de hipoclorito y varias horas de cocción, para que la pueda tolerar el organismo.

Hasta el momento, los rocheros parecen vivir conformes con este tipo de suministro, aunque últimamente se muestran preocupados por las malas condiciones de las instalaciones del acueducto, cuyas bases se vienen desmoronando pausada, pero peligrosamente, en cada aguacero.

En Rocha hay tres colegios públicos llamados Institución Educativa Acuícola de Rocha, que son testigos directos de la inseguridad que se padece, pues los facinerosos los han despojado de computadores, abanicos, acondicionadores de aire, pupitres y elementos didácticos, entre otros elementos no menos valiosos.

Los afectados lograron que la Gobernación de Bolívar enviara un vigilante al plantel de secundaria, pero con todo y guardián robaron, de manera que las tres edificaciones siguen a merced de los amigos de lo ajeno.

Hasta el momento, se estima que el puesto de salud de Rocha es uno de los mejores de Arjona, con un médico que acude tres veces por semana y una ambulancia que se encarga de trasladar a los enfermos al casco municipal o a Cartagena, según el caso.

En esos términos, lo que no deja de causar curiosidad es la forma en que los rocheros conciben la pandemia.

“Para ellos --dice la corregidora-- no existe el coronavirus. Teníamos un puesto de control a la entrada del pueblo, y los controladores fueron destituidos, porque se ponían a cobrarles a los viajeros. Por lo demás, todo el mundo anda como si nada”.

“Como si nada”, tal vez querrá decir que las fábricas caseras de ñeque siguen elaborando su sustancia para la parranda y, supuestamente, para salvar vidas que han sufrido --se cree--, los síntomas del virus, pero mejor resuelven sumergirse en una borrachera de seis mil pesos, después haberse auto recetado un “matrimonio”.

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