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Francisco Sarabia, al rescate de la memoria

Se trata de un gestor cultural, quien, por su propia iniciativa, se ha dedicado a recuperar la historia del municipio de Mahates, empezando por el árbol genealógico de sus habitantes.

RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P.

06 de julio de 2021 04:11 PM

Francisco Sarabia Castillo nació en un lugar llamado Monroy, que en esa época pertenecía al municipio de Mahates, norte de Bolívar, pero ahora es vereda del corregimiento de Arroyohondo.

Sin embargo se considera un mahatense más desde que llegó, en 1993, como técnico de las Unidades Municipales de Asistencia Técnica Agropecuaria (Umata). Ahora es experto en Administración Pública, politólogo y egresado de la Universidad de Valencia (España) en Gestión y promoción para el desarrollo local.

Ha publicado los libros “Mahates en el camino abierto de su historia”; “Mahates, 475 años de historia” y “Santa Bárbara de Arroyohondo, pueblo de negros al encuentro con su historia”. Tiene en preparación los títulos “Genealogías mahatenses” y “Mahates, memoria, legado y cultura”.

El Universal dialogó con él sobre la recuperación del pasado.

¿Cómo nació la idea de recuperar la memoria de Mahates?

- Creo que desde que estaba muy pequeño, cuando me inquietaba el porqué de las cosas. Cuando llegué a Mahates lo primero que pregunté fue por el origen del nombre y encontré que el pueblo fue levantado alrededor de unas ciénagas, donde había una planta acuática llamada “majate”. Después empecé a rastrear documentos y aprendí que el pueblo fue fundado por Pedro de Heredia, cuando había una etnia indígena llamada los “Majates”. Con el tiempo, y ya formado el pueblo, el vocablo fue variando hasta quedar en “Mahates”.

¿Qué ha significado Mahates para el norte de Bolívar?

- Durante La Colonia fue muy importante, porque era el camino que unía a Cartagena con la Barranca del Rey. En esa época, los mahatenses se dedicaban a la logística del transporte en recuas de mulas. Todo lo que venía del exterior hacia el interior del país, se transportaba por el río Magdalena, pero antes debía pasar por el Camino real de Mahates o por el medio dique de Mahates. Eso generó que los mahatenses se volvieran expertos en el acarreo de personal y carga mediante mulas y caballos. Esa economía equina aún sobrevive: en el pueblo hay unas fiestas de caballos, que duran hasta dos meses.

¿Cuál metodología debe usarse en la recuperación de memoria?

- En mi caso, consulto varias fuentes. Las primeras son las historiográficas, que están en los archivos de los museos. La otra fuente es la oral, mediante la cual he entrevistado a muchas gente. Una parte ya murió y la otra aún sigue recordando temas importantes como la brujería, por ejemplo, por la cual Mahates adquirió fama como pueblo brujo. Otra fuente son las redes sociales, en las que uno encuentra archivos de bibliotecas españolas, donde hay datos interesantes sobre La Colonia.

¿Por qué Mahates perdió la importancia que tuvo en La Colonia?

-La construcción de carreteras al comienzo de la era Republicana. Pero cuando el Gobierno decidió construirle su carretera a Mahates, hubo la intervención de una familia muy poderosa, apellidada Vélez, que estaba levantando el ingenio Central Colombia y tenía mucho acercamiento con el presidente Rafael Reyes. Ellos, en vez de construir la carretera por Mahates, donde no habría impactos negativos para el medioambiente, decidieron hacerla dañando casi diez kilómetros de la ciénaga de Matuya y pasando la carretera por Gambote, porque favorecía sus predios. Mahates quedó fuera de ese circuito de vías y, obviamente, perdió su importancia logística y económica, porque quedó hundido en el canal del Dique y sin medios de comunicación.

¿Y qué hizo el material humano que quedó?

- Quedaron familias importantes como los Bossa, los Martelo y los López, entre otras, quienes podían hacer algo para recuperar el esplendor, pero se fueron para Cartagena y a otras partes del país, a medida que sus hijos egresaban de las universidades. Hay una anécdota según la cual cuando Cristóbal Bossa Echenique fue gobernador de Bolívar, en 1947, decidió construir la carretera de acceso, pero tuvo una disputa con su papá, quien le dijo que no era prudente construir esa vía, porque después llegaría mucha gente rara y se dañaría el pueblo. Aun así el gobernador hizo la vía y el papá, indignado, se mudó para Arjona. Ese relato da unas pistas sobre el atraso en infraestructura que tiene el pueblo: la gente no quería abrirse al desarrollo, por el temor de que muchas cosas cambiaran.

¿Cuál es la impronta de Mahates a nivel cultural?

- Antes se hablaba del Cantón de Mahates, que abarcaba pueblos como San Cayetano, Marialabaja, Ternera, El Yucal y Campo de la Cruz. En esos territorios había grandes haciendas donde laboraban africanos esclavizados, quienes fundaron muchos palenques e hicieron un aporte importantísimo a la música folclórica que se cultivaba en Mahates. Cuando llegué al pueblo, esas riquezas se estaban perdiendo. Entonces, con un grupo de amigos nos dispusimos a rescatar la distintas variantes del son de negro, el bullerengue y el baile del pajarito, que es herencia indígena. Uno de mis profesores en España decía que las riquezas culturales permanecen cuando unos las pone en valor. Por eso es urgente rescatar la música, la danza y los aportes historiográficos de Mahates.

¿Por qué deberían venir los turistas a Mahates?

- Por dos fortalezas: el turismo étnico cultural, en Palenque; y la belleza paisajística. Respecto a esta última, Mahates tiene la fortuna de estar en dos subregiones: canal del Dique y un conjunto de ciénagas donde hay una riqueza enorme, en cuanto a flora y fauna. Allí tenemos especies en vía de extinción. Pero también una gran zona montañosa integrada por Songó, Capira y La Bonga, que son bosques tropicales antiguos.

¿Qué tanto sentido de pertenencia han tenido los mahatenses y su clase dirigente sobre esas riquezas?

- No mucho. El día de las elecciones, la gente sale comprar el voto y después le exige al alcalde que trabaje bien, cuando en realidad está comprometido con sus financistas. Ante ese panorama, lo que queda es que los gestores culturales impulsemos las riquezas musicales, danzísticas y ecológicas, para así ir generando un sentido de pertenencia que supere la apatía política y logre que la gente elija alcaldes comprometidos con la comunidad. Ahora mismo el pueblo más organizado culturalmente es Palenque, pero los pueblos más musicales son Evitar y Gamero, que han puesto en alto el nombre de Mahates a nivel nacional. Pero hay que hacer un trabajo organizativo en esas comunidades.

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