Regional


Madre e hijo se reencuentran después de 34 años

Carlos Alberto Martínez Alvis apenas tenía cinco años cuando fue entregado a su abuela paterna, Nacira Isabel Alvis.

NIDIA SERRANO M.

13 de septiembre de 2019 08:39 PM

El corazón de Carlos Alberto Martínez Alvis latía a toda velocidad. El sueño de fundirse en un abrazo con su madre biológica, a la cual no veía desde hacía 34 años, estaba a punto de hacerse realidad.

Los recuerdos que tenía de ella eran remotos. Cuando apenas tenía cinco años fue entregado a su abuela paterna, Nacira Isabel Alvis, con quien vivió en Chinú hasta que esta falleció. Después de ese tiempo le tocó sortear todo tipo de dificultades para sobrevivir.

No guardaba ningún tipo de rencor contra Genara Isabel Beltrán Basilio, su madre biológica. Ella tenía apenas 16 años cuando decidió entregarlo a su abuela, pues no tenía mayores esperanzas de poder avanzar con un hijo a cuestas.

Se había convertido en madre desde los 11 años de edad. No le tocó nada fácil en la vida y durante largo tiempo pensó que su hijo mayor había muerto. El destino se encargó de alejarlos y cuando creían que era para siempre surgió en Carlos el deseo profundo de conocerla.

Sus días transcurrían en medio del trabajo para conseguir el sustento y de su hogar en el barrio Cantaclaro, sector La Represa, en el sur de Montería, junto a su esposa y a sus dos hijas.

A través del grupo de Prevención y Educación Ciudadana del Departamento de Córdoba se inició una campaña con el fin de lograr la búsqueda y el reencuentro de esos dos seres. “Por fin voy a conocer a mi madre, quiero ver el rostro de la persona que me trajo a este mundo y darle las gracias por eso, no tengo palabras”, expresó Carlos minutos antes de cumplir su sueño.

Luego de varios intentos fallidos para que Carlos y Genara se conocieran, por fin se encontraron. El ansioso hijo fue llevado por los uniformados desde Montería hasta la estación de Policía del municipio de Puerto Libertador donde los esperaba su progenitora.

Cuando Carlos bajó del vehículo, algunos vecinos creyeron que se trataba de algún detenido. Al verse, madre e hijo se fundieron en un abrazo. La pequeña figura de Genara Isabel, quien es cristiana, se aferró al hijo que creyó muerto toda la vida. Carlos tuvo que inclinarse para corresponderle al afecto que en ese instante le entregaba su madre.

Fue un abrazo eterno, intenso con lágrimas y dolor, pero a la vez con alegría. En ese instante se contaron muchas cosas de su vida. No hubo reproches, ni cuestionamientos. No hubo preguntas que causaran dolor, ni tampoco respuestas llenas de rencor.

Carlos había cerrado un capítulo de su vida, pero al mismo tiempo abrió una página de futuros encuentros con la mujer que le dio la vida y la que pese a abandonarlo, por su precaria condición, jamás dejó de amarlo y de pedirle a Dios una segunda oportunidad para expresarle su amor.