Que de cañaveral no solo tenga el nombre, piden en el corregimiento en Turbaco

24 de enero de 2017 12:00 AM

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Nítida está en la memoria de Víctor Manuel Gómez Pérez la tradición que en torno a la caña de azúcar se forjó en su familia.

Recuerda que en sus correrías de muchacho sus aficiones se centraron en los cultivos de caña que en terrenos de gran extensión inició su bisabuelo sobre zona rural de Turbaco hace más de medio siglo.

Aunque nació en Sabanalarga, en Atlántico, el bisabuelo llegó al corregimiento de Cañaveral enamorado de una mujer con la que más adelante emparentó. Y a partir de entonces, la familia que nació de esa unión se sostendría a punta de caña, literalmente. El cultivo, la cosecha, la producción de derivados y la venta mantuvieron a su estirpe y muchas otras más durante décadas en las que el auge era una constante por cuenta de la producción que se generaba en el corregimiento y se destinaba a la extinta Industria Licorera de Bolívar.

“En los buenos tiempos, cada finca en la que se cultivaba caña podía producir 30 toneladas de miel virgen al año... y en Cañaveral había unas 30 fincas –otros dicen que eran cerca de 100– que le vendían a la Licorera. Pero ahora, apuradas, hay tres o cuatro apenas”.

Los tiempos cambiaron y la cañicultura entró en decadencia en Cañaveral, contradiciendo al origen del nombre de esa población. Víctor dice que en los últimos suspiros de la Licorera, –antes de que fuera liquidada tras años de malas administraciones– los directivos tomaron la decisión de dejar de proveerse de los campesinos de Cañaveral para fabricar rones y aguardientes, optando por traer la miel de caña desde el Valle del Cauca, lo que favoreció la pérdida paulatina de la tradición.

“La tradición de los cultivos se ha perdido. Nosotros le vendíamos el producto a la Licorera, cuando existía, y desde que desapareció comenzó la decadencia. A la Licorera le vendíamos miel para que ellos hicieran el licor, hasta que llegó un gobierno que comenzó a manipular eso, hizo unas negociaciones en el Valle del Cauca para comprar el producto allá, aunque lo que ellos vendían era la melaza, el residuo que queda del azúcar, no la miel virgen de azúcar como nosotros, por lo que ellos se la vendían a mitad del precio que nosotros ofrecíamos, aunque el licor no quedara con el mismo sabor”, relata aún con lástima lo sucedido alrededor del año 1995.

“Desde entonces hemos estado cultivando nuestra caña y sacando derivados como la miel, la panela y el ‘batido’ (panela con coco y anís), pero no es lo mismo, ya no elaboramos la misma cantidad. La mayoría de los campesinos que se dedicaban a esto se reiteraron y se fueron del corregimiento o se dedicaron a la ganadería”, cuenta Víctor.

Pese a los embates del sector, Víctor insiste en mantenerse en pie. Tiene 71 años y de su numerosa familia solo él y un hermano permanecen en la labor. Tuvo cinco hijos, pero ninguno escogió continuar con el “arte”, como él lo llama.

Este año, el ‘señor Gómez’, como es conocido en el pueblo, fue uno de los cerca de 30 participantes del XVIII Festival de la Caña de Azúcar, una iniciativa que busca revivir el ánimo cañicultor en el corregimiento. El festival culminó el domingo reconociendo a los campesinos que mostraron los mejores productos, tras la evaluación de jueces, y con la promesa de gestión frente a entes gubernamentales para lograr la intervención necesaria que reviva los cultivos de caña en ese corregimiento de Turbaco. 

UN SALVAMENTO A LA CAÑA
Víctor exhibió en su mesa panela criolla y ‘batidos’. En las otras mesas del Festival, además de varas de caña, también se observó jalea y cocadas endulzadas con la planta, y el frío guarapo con limón.

“Llevamos 18 años realizando este evento. Lo hacemos pensando en ese pequeño campesino cañicultor, que trabaja a expensas del sol y la lluvia, sin el apoyo de los gobiernos. La idea surge porque anteriormente los cultivos de la caña eran la base de la economía de esta región, pero con el transcurrir del tiempo los cultivos se fueron perdiendo por varios factores, como que los cañicultores no tenían un mercado asegurado por lo sucedido con la Licorera”, indica Luis Alfonso Torres, gestor del Festival.

“Antes hablábamos de que en el corregimiento había más de 300 hectáreas de caña sembradas. Hoy se puede decir que no pasamos de las 10. Por eso el propósito es hacer este evento para reactivar el cultivo y la tradición en Cañaveral”, agrega.

Según la Secretaría de Agricultura de Bolívar, hasta 2015 eran 1.185 hectáreas de caña de azúcar las sembradas en el departamento, distribuidas en Santa Rosa del Sur, Mahates, Tiquisio, Villanueva, Margarita y Turbaco. La estadística del 2016 no se ha actualizado.

Y sobre el caso concreto de Turbaco, indican que son 30 hectáreas las cultivadas, comprendiendo tanto Cañaveral y como también el corregimiento de San José de Chiquito, aunque desde la dependencia advierten que puede que la cifra varíe debido a las temporadas secas que desde 2015 han venido afectando cultivos en esa zona del departamento.

Tras gestiones adelantadas por líderes de Cañaveral, se formula desde la Secretaría de Agricultura un proyecto que pretende fortalecer el cultivo de caña de azúcar en los dos corregimientos de Turbaco, para incrementar la productividad. De acuerdo a lo explicado, esto se lograría a través de una alianza productiva entre la administración departamental y la cooperativa de productores de caña de azúcar de la zona, involucrando aspectos financieros, administrativos, comerciales y organizacionales.  


 

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