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Velas encendidas en Momil por muerte de médico cordobés en Guayaquil

José David Payares llevaba 20 años viviendo en Guayaquil donde se desempeñaba como médico preventivo y docente universitario.

NIDIA SERRANO M.

15 de abril de 2020 10:57 AM

Una vela encendida en la puerta de las casas de Momil, municipio de Córdoba, fue la única forma que encontraron sus pobladores para despedir a un hijo de esa tierra, el médico José David Payares Treco, quien murió de COVID-19 en Guayaquil, Ecuador.

Ante la imposibilidad de dar un abrazo a la maestra Pablita Treco, su madre, los habitantes de ese lugar lloraron en silencio, oraron y encendieron la luz que mostraba su profundo pesar por lo que le había ocurrido al profesional de 40 años, quien había encontrado en esas tierras lejanas su realización profesional.

Hace muchos años, desde 1999, había partido de Momil a buscar sus sueños. Empezó a estudiar Medicina en una universidad ecuatoriana y al terminar sus estudios decidió quedarse para siempre. Allá había encontrado el amor y la posibilidad de seguir creciendo en lo que más le apasiobana.

Se especializó en Medicina Preventiva y también empezó a dar clases en la Universidad Espíritu Santo , consagrándose como uno de los profesionales más exitosos y reconocidos de esa localidad y en un amoroso padre de su pequeño hijo.

Su madre y sus dos hermanos sentían orgullo por sus logros y por conservar su esencia, la misma de ese niño pueblerino que salió a conquistar el mundo, con la fe puesta en la Medicina. Cuando venía a Momil sentía que el tiempo se había detenido y que allí estaba su familia y sus amigos de siempre.

Fueron muchos los años de sacrificio de la “seño Pablita”, como cariñosamente le dicen en Momil, para que su hijo pudiera alcanzar la meta que se había propuesto desde que era un niño: ser un gran médico para servir a la humanidad.

El galeno había sido internado en el hospital Luis Vernaza, en la provincia de Guayas, donde su estado de salud se fue complicando con el paso de los días. El resultado para COVID-19 resultó positivo y pese al esfuerzo de sus colegas por salvarlo, la muerte le ganó la batalla.

La noticia de inmediato llegó a su tierra natal. El pueblo lloró de tristeza y pese al aislamiento obligatorio, buscaron una forma de acompañar a su familia en ese momento de dolor: una vela encendida al frente de cada casa fue la única forma de decirle adiós.