Cartagena amanece en la Independencia

Cartagena no hizo su Independencia a ritmo de tambores y gaitas, pero su celebración sí. La música antecede a su Independencia.
Gustavo Tatis Guerra Vie, 11/08/2019 - 11:33

La Independencia de Cartagena no se hizo a ritmo de tambores y gaitas. Pero su celebración sí. La música ancestral con más de cinco centurias antecedió a la Independencia de Cartagena, en 1811.

La música fue una expresión de rebelión y acompañó procesos de resistencia. Los tambores no vinieron de África, pero fueron diseñados en América con la memoria africana, con los árboles nuestros y las pieles de nuestros animales. Tal vez el primer instrumento fue el caracol para llamar a la tribu. El caracol fue el primer instrumento de los indígenas. Los genitales se cubrían con caracoles. Cada cual elegía su caracol, no para cubrirse en el sentido occidental. El caracol fue también un elemento ritual.

Los huesos fueron convertidos en instrumentos musicales. Las primeras gaitas fueron hechas en hueso, luego en madera.

Cartagena era habitada por indígenas de la tribu de los Mocanáes antes de la llegada de los españoles. Luego, vinieron los africanos para las fortificaciones de Cartagena.

Los tambores fueron el primer correo electrónico de los africanos en las noches de la esclavitud. Fue el WhAtsapp de la época. Por eso el tambor fue prohibido en Cartagena. Se enviaban mensajes cifrados a la tribu y al espíritu de los ancestros. El tambor tiene más de quinientos años de inquietante e incómoda subversión en la tribu. Y en todos los tiempos ha generado polémica.

Los primeros carnavales del Caribe en Colombia surgieron en Cartagena, mucho antes de la celebración religiosa de las Fiestas de la Virgen de la Candelaria. Esas danzas originarias de indígenas y africanos nutren la riqueza del Carnaval de Barranquilla. Muchas de ellas, reaparecen en las Fiestas de Independencia para celebrar un aniversario del 11 de noviembre de 1811

La música y la danza como expresiones emocionales y culturales de los cartageneros, no han sido ajenas al más grande episodio de su historia. La música y la danza también han sido protagonistas en estos 208 años de Independencia. Una música que desde la Colonia había sufrido desprecio encontró una puerta hacia la reafirmación de sus valores y creencias políticas y culturales.

Las danzas y comparsas, los cabildos de negros y las comparsas de origen indígena recrearon las tensiones sociales entre españoles y nativos. De aquel desprecio racial y cultural surgieron frases estigmatizantes que hoy el racismo replica con horror en el seno de las familias y en el corazón de la sociedad: “Negro tenía que ser”, “Indio tenía que ser”, “Eso es duro para el campesino”, “Eso es para negros”, etc. “Qué cultura va a tener, si nació en los cardonales”, dice la célebre canción ‘La gota fría’, en cuyo humor hay una expresión de racismo y de desprecio a las orillas. Como si el único que poseyera cultura fuera el que naciera en el centro y no en la periferia. Ese desprecio cultural se ha pervertido en burla hacia nosotros mismos.

Hoy, el esplendor de esa tradición que llamamos las Fiestas de Independencia es la suma afortunada de esas matrices culturales africanas e indígenas. La máscara del capuchón es una metáfora del inquisidor. Los colores de la fiesta son el arcoíris que ha templado el tiempo en más de dos siglos.

Los tambores y las gaitas vuelven a sonar para despertar a los muertos. La música toca el corazón de Pedro Romero y sus Lanceros de Getsemaní.

Este es el primero de cuatro textos que El Universal publicará desde hoy y hasta el 11 de noviembre, para conmemorar los 208 años de la Independencia de Cartagena. Los trabajos estarán relacionados con una figura crucial: Pedro Romero.