Anemia falciforme, una vida en alerta

21 de junio de 2019 12:00 AM
Anemia falciforme, una vida en alerta
Un retrato de la vida de varios pacientes que padecen anemia drepanocítica, también conocida como anemia de células falciformes o sicklemia.

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Jugar en la guardería a los 6 años, caerse y rasparse es algo normal para cualquier niña o niño, pero a Liceth Ospino Serpa le cambió la vida. Hoy, con 38, la mujer recuerda que todo pasó en cuestión de segundos y que, al llegar a casa, su madre le echó algo en la peladura que tenía en su rodilla derecha. Lo que parecía una lesión común y corriente terminó transformándole la vida, pues los médicos le indicaron que tenía anemia drepanocítica, también conocida como anemia de células falciformes o sicklemia.

“Nosotras pensábamos que eso se pasaría rápido, pero la peladura no se iba, por lo que mi mamá me llevó al médico, donde después de varios exámenes, descubrieron que tenía esta condición que es hereditaria”, indicó Liceth, quien vive en el barrio 7 de Agosto con su esposo Marlon Paternina y junto a quien ha luchado desde hace más de 10 años.

Con esta misma condición viven las primas Shirley Godoy De La Cruz y Sara Luna Godoy, de 11 y 8 años.

Ellas solo son tres de las más de 100 personas que padecen la enfermedad en Cartagena, según la Fundación Sicklemia. Ellas sufren con esta condición que es muy poco conocida, debido a que su tratamiento médico muchas veces no es el indicado. Incluso, según cuenta Carlos Caballero, vocero de la fundación, la gente cree que están exagerando cuando les da una crisis.

Va en los huesos

La primera crisis que le dio a Liceth fue siendo niña. Empezó con dolencias en sus piernas, tan fuertes que se le fueron encorvando. Por ello, al llegar a la adolescencia, la operaron para que caminara normal.

A Sara, la detectaron a los 6 meses de nacida, cuando comenzó a quejarse de un dolor y la madre notó que su brazo derecho quedó deformado. “Recuerdo que la llevé a la Casa del Niño y allá me llevaron policías, porque pensaron que yo le había pegado, pero entonces recordé que el papá de ella tiene esta misma condición y fue cuando le hicieron el examen electroforesis de hemoglobina y descubrieron que mi hija también la padecía”, señaló Ingrid Godoy, madre de la niña.

Un caso similar le ocurrió a Shirley, quien tenía 7 meses de nacida, cuando su madre, Aura De La Cruz, notó que tenía fiebre y, lo más extraño, se le hincharon los ojos.

“Nosotras vivíamos en Bogotá, por lo que al verla así, lo que hice fue llevarla al médico. No sabían qué pasaba y, por eso, le hicieron varios exámenes, detectando la condición. Esto es porque su papá y yo somos portadores, pero en un mínimo valor”, refirió la señora.

Ellas cuentan que el dolor comienza en los huesos, específicamente en las extremidades y de ahí se va extendiendo a todo el cuerpo. Para controlarlo deben mantener la calma, pero si es muy fuerte, lo mejor es ir al médico a que les pongan morfina.

“Nosotros no estamos exentos de morir, en cualquier momento nos puede pasar, por eso siempre le doy gracias a Dios, a mi mamá y a mi tía Norma por sus cuidados, ya que sin ellos no estuviera aquí. A mí me dio hace tiempo la crisis más fuerte que puede existir que es la del shock toráxico, cuando llega uno ahí, podemos quedar sin respiración y morir”, comentó Liceth.

Cambian de ánimo

Las personas que sufren esta condición pueden pasar un día completo deprimidos y simplemente acostados en cama, pero al día siguiente pueden estar muy activos y tal vez puedan salir a divertirse.

Sara y Shirley, quienes apenas son unas niñas, saben que deben estar tranquilas y controladas, pues si se caen y golpean, de inmediato deben ser hospitalizadas. “Ellas saben que son niñas, pero que si hacen algo que las afecta pueden morir, por eso deben atender nuestras indicaciones”, explicaron las madres de las menores.

Cada vez que estas personas tienen una crisis, comienzan a deformarse esas partes donde la enfermedad ataca. Por ejemplo, a los niños se les deforma el abdomen tanto que llega a endurecerse, lo que los hace sentir casi inconscientes.

“Uno debe aprender a convivir con esta condición. Nosotros no podemos correr, jugar, bañarnos en el agua lluvia, debemos estar siempre abrigados cuando hace frío, y si hace mucha calor debemos controlarlo de alguna forma. No podemos estresarnos, ni coger rabia, porque todo esto nos afecta y es cuando vienen las crisis. Por eso, lo que debemos hacer es mantener la calma y tratar de sobrellevar”, dice con resignación Liceth.

Síntomas

* Anemia crónica.

* Dolor, cuando los glóbulos rojos en forma de media luna bloquean el flujo sanguíneo y el oxígeno, entonces se presentan crisis que afectan la región lumbar, piernas, articulaciones y el tórax.

* Cansancio, falta de energía.

* Palidez.

* Coloración amarilla de la piel y los ojos (ictericia).

* Falta de aire.

* Tendencia a las infecciones.

* Daños en el hígado y los riñones.

* Dificultad para respirar.

* Úlceras en la piel y llagas en las piernas (bajo las rodillas).

* Accidentes cerebro vasculares.

* Aumento del tamaño del corazón.

* Dolor abdominal en niños pequeños.

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