Salud


Ataques cardíacos no los evita la niacina

AP

28 de mayo de 2011 12:01 AM

El Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos dio por terminado un estudio sobre dosis elevadas de niacina (un tipo de vitamina B) más de un año antes de su término programado debido a la falta de beneficios. Es el más reciente revés en el intento por aumentar el colesterol bueno para combatir el colesterol dañino.
El colesterol LDL es el principal causante del bloqueo arterial (el mismo colesterol malo). Los fármacos populares conocidos como estatinas _que se venden con nombres como Zocor y Lipitor, además de formas genéricas_ son los remedios comunes para reducir el LDL. Pero muchos usuarios de las estatinas aún padecen ataques cardíacos porque el LDL no es el único problema. Los niveles bajos de HDL, el colesterol bueno que ayuda a prevenir bloqueo arterial, así como un exceso de triglicéridos, una grasa diferente, también aumentan los riesgos cardíacos.
Por eso los científicos están probando si agregar varios fármacos a las estatinas aumenta el HDL lo suficiente como para proteger el corazón.
El medicamento examinado
El nuevo estudio examinó Niaspan, de Laboratorios Abbott, una forma de niacina a dosis mucho mayores que las halladas en suplementos dietéticos. El remedio se ha vendido desde hace años y estudios previos demostraron que elevaba los niveles de HDL.
A más de 3 mil 400 usuarios de estatinas en Estados Unidos y Canadá _pacientes todavía en riesgo de ataque cardíaco debido a bajos niveles de HDL_ les dieron Niaspan o un placebo como complemento de su medicina diaria.
Según se esperaba, los que ingirieron Niasan vieron subir sus niveles de HDL y bajar los niveles de los triglicéridos peligrosos, más que quienes tomaron una estatina solamente. Pero el tratamiento en combinación no redujo los ataques cardíacos, las apoplejías o la necesidad de procedimientos para despejar las arterias, como angioplastia, dijo el Instituto.
Esa conclusión "es inesperada y un fuerte contraste con los resultados de pruebas anteriores", dijo el doctor Jeffrey Probstfield, de la Universidad de Washington, quien contribuyó a dirigir el estudio.

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