Dime qué enfermedad padeces y te diré qué deporte hacer

16 de septiembre de 2019 12:00 AM

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El sedentarismo merma significativamente la cantidad y la calidad del sueño, afectando a nuestro rendimiento físico e intelectual. La actividad física, por el contrario, es beneficiosa tanto para la vascularización cerebral, como para fomentar las sinapsis neuronales, que es el espacio que permite la conexión entre las células.

Algunos estudios han demostrado la función protectora de la actividad física frente a enfermedades neurodegenerativas o cerebrovasculares, hasta el punto de suponer un retraso de 10 o más años en la aparición de las primeras manifestaciones clínicas.

Según el doctor David Ezpeleta, múltiples líneas de investigación han demostrado que la actividad física, especialmente el ejercicio aeróbico, es un potente estímulo de la neurogénesis.

“En la actualidad, disponemos de evidencias suficientes para recomendar la actividad física como parte del tratamiento en la mayoría de enfermedades neurológicas. Eso sí, siempre adaptada a las posibilidades de cada paciente”, apunta la doctora Nuria González-García.

Esclerosis múltiple y bicicleta

En pacientes con esclerosis múltiple, la actividad física mejora casi todos los parámetros clínicos estudiados, sobre todo en la velocidad de la marcha, la fatigabilidad y la espasticidad.

Otros aspectos también relevantes, como la depresión, la calidad de vida y la fatiga, se benefician de la actividad física, incluso en formas más avanzadas de la enfermedad.

“A estos pacientes recomendamos, en general, realizar ejercicios aeróbicos y de resistencia, como la marcha o la bicicleta, así como ejercicios de mantenimiento de posturas o transferencias. Idealmente a primera hora del día y en ambientes frescos”, indica la doctora González-García.

Epilepsia y deportes de contacto

Los pacientes con epilepsia también pueden obtener beneficio del ejercicio en la posible reducción de las crisis y de las descargas epileptiformes interictales (alteraciones eléctricas cerebrales sin convulsiones). “En estos casos, recomendamos realizar deportes colectivos y de contacto (como fútbol, baloncesto o judo) o deportes de raqueta”.

La razón es que son actividades que, en caso de que el paciente padezca una crisis durante la práctica deportiva, no va a estar solo y el episodio no va a suponer mayor riesgo para él o para el resto de jugadores.

Migraña y musculatura cervical

El ejercicio no solo se considera favorable en los pacientes con migraña, sino que debería ser uno de los pilares del tratamiento preventivo no farmacológico. La actividad física ha demostrado tener una función analgésica tanto a corto como a largo plazo. Los ejercicios que implican a la musculatura cervical y de los hombros parecen ser los más eficaces.

Alzhéimer y párkinson: yoga y taichi

“En la enfermedad de Alzhéimer se ha planteado incluso que podría ralentizar la neurodegeneración o prevenir el declive cognitivo en casos preclínicos o incipientes”. En los pacientes con deterioro cognitivo leve, debe recomendarse ejercicio físico al menos dos veces por semana como parte del tratamiento. Al igual que en otras enfermedades degenerativas, en los pacientes con enfermedad de Parkinson, la actividad física ha demostrado no solo la mejoría de los síntomas motores y no motores, sino que podría modificar la supervivencia y la progresión de la enfermedad.

Se han demostrado beneficios con ejercicios muy diversos, como baile, yoga, taichi, ejercicio aeróbico o de resistencia, con mejoría de la velocidad de la marcha y el equilibrio postural.

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