Salud


La dura historia del nutricionista que estuvo a punto de morir por COVID

Celso Evaristo Romero vive en Turbaco, le ganó al COVID-19 severo y ahora batalla contra las secuelas. Perdió 30 kilos en tres meses.

LAURA ANAYA GARRIDO

25 de noviembre de 2020 09:16 AM

Antes del 22 de mayo, caminar los trece o catorce metros que separan el cuarto de la sala de su casa era para Celso Evaristo Romero lo que para usted o para mí: cualquier cosa. Hoy, después de haber atravesado COVID-19 severo, hacerlo sin caminador, sin bastón y sin zarandearse es poco menos que una proeza.

Celso es nutricionista-dietista y tiene 49 años. Los cumplió justo cuando batallaba contra el nuevo coronavirus. Antes de esta pesadilla, trabajaba desde el Hostal Buenos Aires, haciendo visitas domiciliarias a sus pacientes. “El último recorrido que hice fue en Bayunca, era entre Pontezuela y Bayunca -recuerda Celso-, pero cuando iba llegando había una manifestación de un barrio subnormal en Bayunca. Yo tenía mi tapabocas, pero había mucha aglomeración. Después comencé con los síntomas, como a los tres o cuatro días comenzó a darme un fuerte dolor de cabeza, con fiebre. Dos días la combatí en la casa, pero qué va”. (Le puede interesar: En Cartagena, los positivos “no nos están informando sus contactos”)

Celso recuerda perfectamente que el día que llegó a la clínica, en San Fernando, era viernes. Su organismo estaba tan comprometido por el virus, que finalmente decidieron ingresarlo a UCI. “Cuando me iban a llevar a UCI, como que el camillero no tenía mucha fuerza y me dejó caer, me di un golpe tremendo en la nariz. En ese instante iba para la UCI, me sedaron, me entubaron, me tuvieron en observación”, cuenta. La primera fase de su hospitalización fue del 22 de mayo al 25 de julio. “Me intubaron, luego me hicieron traqueotomía, gastrostomía, diálisis, hemodiálisis, contraje dos bacterias y un hongo, después tenía la hemoglobina baja. Se me disparó el azúcar... Nunca en mi familia ha habido azúcar. Se me disparó la presión”, sigue detallando Celso, haciendo un esfuerzo tremendo para hablar de forma clara. Todos esos procedimientos han afectado su voz. (Lea además: ¿Cuál vacuna anti COVID-19 llegará primero a Colombia?)

La segunda etapa de su hospitalización comenzó el mismo 25 de julio, cuando lo trasladaron al Hostal Buenos Aires para continuar con su recuperación, que no ha sido nada fácil: una escara sacra, además del dolor que implica, le impedía siquiera pensar en moverse, además padecía otras laceraciones en la rodilla izquierda y en el tobillo derecho.

“En agosto, cuando por fin di negativo, sentí un alivio grande. Le di muchas gracias a mi Dios porque ya no tenía el virus”, dice emocionado y se alegra más cuando recuerda el día que por fin llegó a la casa: el 13 de octubre. “No me esperaba que me recibieran así, tan bonito, mis familiares y amigos”, señala Celso, quien vive en el barrio Las Delicias de Turbaco y tiene una hija de 15 años.

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Este era Celso antes de padecer COVID-19.//Foto: Cortesía.

Al verse en el espejo, Celso no puede evitar pensar en el virus: durante su convalecencia bajó unos 30 kilos. Esa es la primera secuela que menciona: “El cambio físico es impresionante, pasé de unos 102 kilos a 70”, dice y menciona que atravesó por problemas con el páncreas y los riñones, por lo que ahora debe cuidar más que siempre su dieta. ¡Si lo sabrá él, que es nutricionista!

Él sabe que su batalla contra las secuelas aún es larga, pero está dispuesto a darla. Todos los días recibe terapias. “Voy a comenzar a caminar en zigzag, para el equilibrio”, me dice. “Es importante destacar el trabajo del personal de la salud. Fíjate, yo me contagié en medio de mis labores y no he recibido ninguna ayuda. Mis familiares me ayudan con los paños y demás, pero me gustaría que el Gobierno nos ayudara”, concluye.