Los límites se enseñan con el ejemplo

27 de noviembre de 2016 12:00 AM

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POR: Elizabeth R. Rojas

Un niño que crece con límites establecidos sabe qué tiene que hacer y en qué momento. Esto lo ayuda a construir su equilibrio emocional. La idea educativa fue expuesta por Ángela Spataro Meneses, educadora de primera infancia. La especialista menciona que el niño que no crece con reglas desarrolla una baja autoestima y es inseguro: “Son niños que como no saben qué hacer siempre son regañados por estar haciendo lo incorrecto en el momento que a él le parece bien”.

La licenciada en educación preescolar resalta que los límites les enseñan a los menores de edad cómo comportarse y qué es lo que se espera de ellos. Dice que los padres de familia son los responsables de poner los límites de sus hijos para cada una de las situaciones de la vida.

Según Spataro, los niños que crecen sin límites tienen varios problemas: “Se convierten en infantes manipuladores, a los que no los satisface nada. Suelen ser muy bravucones y no les gusta seguir ningún tipo de autoridad. No saben manejarla”.

La especialista subraya que este tipo de niños padecen con más facilidad cuadros de frustración, porque creen que lo pueden hacer todo y revelar  problemas de comportamiento: “Aquí es donde aparecen los: ¿usted no sabe quién soy yo?”.

Spataro señala que, contrario a lo que creen los padres, no es más feliz quien no tiene límites. Dice que los niños que los tienen, son menores con más equilibrio emocional y que eso -sin duda- los hace personas tranquilas, felices y exitosas.

“Hay una confusión con la idea de que las normas hay que ponerlas enojados. Estas hay que indicarlas para que se vuelvan hábitos y no requisitos. Los padres tienen que ser consecuentes y el ejemplo es muy importante en este sentido. Así, lo que quieran reflejar en sus hijos, lo logran más fácil”, puntualiza.

Establecer acuerdos es clave

La profesional llama a los padres a ponerse de acuerdo en las normas a enseñar y explica que cuando las dos personas saben qué es lo que quieren con su hijo, definitivamente las normas fluyen y se vuelven eficaces.
“Cuando hay contradicciones hay desautorización y el niño piensa que los padres no saben lo que están haciendo. Lo llevan a pensar que la norma no es importante y que puede romperla”, concluye.

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