¡No! A la agresión, ni con piropos o miradas

24 de noviembre de 2013 12:02 AM

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*Mariana cuenta que desde que empezó a ver cambiar su cuerpo de niña a mujer, ha tenido que soportar miradas, palabras obscenas y hasta toqueteos atrevidos en la calle.

“Empecé a ver cambiar mi cuerpo antes que otras niñas, y sin saber nada, debí soportar que me dijeran cosas terribles, que me tocaran la nalga y hasta los senos; incluso hubo hombres a los que vi mostrarme su pene en la calle para masturbarse mientras me miraban. Eso no es justo, pero más injusto es que nos hagan sentir que es culpa nuestra. ¿Acaso tenemos la culpa de ser mujeres o de que haya hombres enfermos? Yo creo que no. Al principio me daba mucho temor, sudaba frío y hasta tenía pesadillas. Hoy me da asco y rabia”, relata.

Ella no es una súper modelo; simplemente es una chica del común, y señala que hoy, pese a tener 28 años sufre de una especie de delirio de persecución. “No puedo sentir pasos detrás mío porque me dan nervios, todavía debo soportar que algunos enfermos en la calle me miren de forma obscena o me digan cosas vulgares, como si creyeran que así se conquista a una mujer”.

Este problema no es sólo de *Mariana. Este es el pan de cada día de las mujeres: blancas, morenas, de cabello oscuro o rubias, con minifalda o traje largo; todas han tenido que soportar muchas veces estos incidentes, y eso, hablando de quienes han tenido la fortuna de que no haya pasado a mayores.

En un sondeo realizado con nuestros seguidores de la página oficial en Facebook de El Universal, le preguntamos a las mujeres que si habían sido víctimas de este tipo de situaciones, a lo cual todas respodieron con un “Sí” y a su vez relataron algunas de sus historias.

LA AGRESIÓN VA EN CONTRA DE LA SALUD
Un viejo adagio reza que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer; de hecho, todos los hombres tienen a su alrededor alguna mujer a la que no quieren que nada malo le suceda.

Y no se trata de feminismo; si no lo cree, analice si cerca de cualquier hombre no está su madre, alguna hermana, una tía de crianza, su abuela, su pareja o en el mejor de los casos, su hija.

Sin embargo, muchos salen de su casa y al parecer olvidan a esas mujeres, pues al ver a otras, se dedican a generarles pánico a través de sus miradas o sus piropos.
Esta actitud genera un rechazo de las mujeres hacia estos hombres, quienes para ese momento representan una amenaza.

“Cuando la conducta del ?hombre es agresiva hacia la mujer, en el cerebro de ella se genera una respuesta defensiva, que puede conllevar a un comportamiento de huida, ataque o parálisis”, explica en neurólogo Ruben Sabogal.

“Estos comportamientos que muchos asumen hacia las mujeres, en su mayoría son aprendidos o adquiridos, debido a que anteriormente el género masculino tenía una conducta represiva y las mismas mujeres también la aprendieron. Lo que debemos hacer es desaprenderla. En la vida, cuando nos educan nos enseñan a sumar, a restar, a leer y a escribir, pero poco nos educan para respetar. Hay que educar al hombre para que respete a la mujer”, agrega.

El Especialista señala que la mejor manera de hacerlo, es dediseñando estrategias que eduquen en tener comportamientos sanos, las cuales, deben empezarse a trabajar desde la infancia y desde los padres, para que éstos transmitan el mismo conocimiento y den ejemplo.

Cuando se habla de agresiones o violencia sexual, no sólo se hace referencia al coito; así lo manifestó la psicóloga Claudia Ayola en otra publicación a este medio.

“Cuando uno habla de violencia sexual, las personas tienden a pensar sólo en la violación o acceso carnal. Existen muchas formas de violencia sexual: algunos piropos son violentos, algunas miradas, la manera como algunos hombres se aprovechan para tener contacto físico con una mujer sin su consentimiento, por ejemplo en los buses. El acoso sexual es violencia sexual también, y suele ser frecuente incluso en el ambiente laboral”.

La psicóloga Heidy Posso, quien labora en la Fundación Prociencia con los programas Primera Infancia y Mujeres Gestantes y Lactantes, manifiesta que, se debe considerar como conducta abusiva a todo lo que vaya más allá de los deseos de la persona.

“Si ataca su integridad y no es consentido, es un abuso. Así que no sólo el coito se considera como abuso, porque las palabras, por ejempo, también marcan y pueden ir en contra de lo que deseas; si a eso le agregas que estas cosas suelen decírselas a una mujer en la calle, donde no se sabe si a lo mejor viene de una familia maltratadora, entonces la situación puede ser aún peor”.

Esto deja sus duras consecuencias en la salud de la mujer, razón que hace necesario asumir las conductas de respeto hacia los demás como parte de una vida sana.

En otra publicación para este medio, la psiquiatra Silvia Gaviria, dedicada a problemas de salud mental femeninos, dice que, “Las mujeres que han sufrido estas conductas o han sido abusadas, son vulnerables a sufrir depresión, trastornos de personalidad, tienden a somatizar sus sentimientos y por eso muchas padecen dolores en diferentes partes del cuerpo sin supuesta explicación. Padecen trastornos de ansiedad, el más común de ellos es el estrés post traumático, un estado que aparece con los recuerdos de cada momento acompañado de sudoración, temblores y taquicardia, cada vez que por su mente pasa ese momento vivido”.

Es hora de recapacitar. *Mariana puede ser esa mujer que usted tiene en su casa, esa hija, esa madre o esa esposa, y como cualquiera de ellas, tiene derecho a una vida digna sin temor a salir a la calle y ser abusada o acosada.

A RECONOCER LOS DERECHOS DE LA MUJER
Todavía existen personas que culpan a la mujer de estas conductas.

“Las señalan como provocadoras por un coqueteo, una minifalda o traje de baño. El cuerpo es hermoso y el coqueteo hace parte de las mujeres; el cuerpo de cada quien es suyo y nadie tiene derecho a tocarlo sin consentimiento. Es necesario cambiar de mentalidad, tanto hombres como mujeres, porque muchas se sienten culpables de ello y al criar hijos, eso es lo que les enseñan entonces se vuelve una cadena. Además todas debemos conocer nuestros derechos y hacerlos valer”, puntualiza la psicóloga Sandra Rueda.

El Artículo 7 de la Ley 1257 establece que, “además de otros derechos reconocidos en la ley, en tratados y convenios internacionales debidamente ratificados, las mujeres tienen derecho a una vida digna, a la integridad física, sexual y psicológica, a la intimidad, a no ser sometidas a tortura o a tratos crueles y degradantes, a la igualdad real y efectiva, a no ser sometidas a forma alguna de discriminación, a la libertad y autonomía, al libre desarrollo de la personalidad, a la salud, a la salud sexual y reproductiva y a la seguridad personal”.

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