Se necesitan más órganos para trasplantes

02 de julio de 2020 12:00 AM

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Desde que se expidió en Colombia la Ley 1805 de 2016, una vez que todo colombiano fallezca se convierte en donante, excepto si manifestó su negativa en vida a través de un documento en el Instituto Nacional de Salud. Sus órganos y tejidos pueden ser usados, claro está, en caso que cumpla con todos los parámetros que se requieren.

Según el Instituto Nacional de Salud, durante el 2019 se realizaron 1.322 trasplantes en Colombia, 1.089 de ellos correspondientes a donante cadavérico.

La lista de personas en espera de donación es vigilada por el Instituto Nacional de Salud. Para entrar a esta lista, las personas que tengan alguna enfermedad, que afecte un órgano o tejido susceptible de trasplante, deberá ser evaluada por una IPS habilitada en el servicio de trasplante de órganos e implante de tejido, para saber si es apto o no para entrar a espera.

Todos pueden ser donantes a menos que tengan una enfermedad sistémica que contraindique la donación, por ejemplo, la enfermedad renal crónica, o tener un cáncer no controlado o una infección bacteriana o micótica que sea de potencial riesgo de transmisión al receptor.

En vida, una persona puede donar los órganos, siempre y cuando hacerlo no afecte la calidad de su salud. Así, puede donar un riñón y segmentos hepáticos, mientras que un donante cadavérico puede ayudar hasta a 55 personas a través de sus órganos, piel, córneas, hueso y médula ósea.

Todavía nos
falta bastante

Pese a la entrada en vigencia de la Ley 1805 de 2016, el número de donantes en Colombia sigue siendo considerablemente menor frente al de otros países. En Uruguay, líder en América Latina en cuanto a tasa de donación, 18,9 personas por cada millón de habitantes son donantes; en Brasil 16,3; en Argentina 13,4; en Chile 9,6; y en Colombia, que ocupa el quinto lugar en la región, la tasa es de 8,9.

Según un estudio realizado por lnvamer en 2018, a pesar de que los colombianos tienen una actitud positiva frente a la donación de órganos, todavía mantienen ciertas creencias que les generan inseguridad a la hora de tomar la decisión. Por ejemplo, algunos colombianos creen que deben registrarse como donantes para que acepten sus órganos, otros temen ser víctimas del tráfico de órganos (que se ha probado que no existe en Colombia) y otros no donan por motivos religiosos.

Dos años después de esta ley, las cifras muestran avances no tan significativos en la tasa de donación, y cada vez se agregan más nombres a la lista de personas que esperan por un órgano para seguir vivas.

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