Cuatro sujetos en motos abrieron paso a la tragedia en la vereda El Pital, en la vía que conduce a Zipacoa, entre Santa Rosa de Lima y Villanueva, y llevaron el luto a dos familias, y el llanto y la agonía a dos más.
Ayer, a las 9:30 de la mañana, los sujetos llegaron a la población y abrieron fuego contra un grupo de hombres que estaban en una esquina, donde regularmente se estacionan mototaxistas.
Dicen que el ataque duró solo unos segundos, pero cuando terminó la sangre de cuatro hombres había manchado la vía destapada.
En el piso estaban tendidos Silfredo Vivanco Meza, un vendedor ambulante de 32 años; Richard Alberto Miranda Vega, de 18, mototaxista; y Félix Gutiérrez Berrío, de 40 años, que se gana la vida de la misma forma.
Otro mototaxista, del que hasta ayer se desconocía su identidad, quedó en el piso, tras recibir varios balazos. Murió casi en el acto.
Los cuatro sicarios, que iban en dos motos, huyeron del lugar. Vecinos y familiares de los heridos los llevaron al Hospital Local de Santa Rosa. De allí los remitieron en ambulancias a Cartagena, a la Clínica Madre Bernarda.
Lamentablemente, el daño estaba hecho. Silfredo Vivanco murió debido a las múltiples heridas, mientras los médicos trataban de salvarle la vida.
Richard Alberto Miranda recibió un balazo en la cabeza. Sus familiares dicen que está grave y solo esperan que un milagro lo mantenga con vida.
Félix Gutiérrez recibió un proyectil en la espalda. Su familia asegura que ayer mismo lo operaron y le extrajeron la bala. Su condición es estable.
No saben por quién iban
Silfredo Vivanco, una de las dos víctimas mortales, vivía en el barrio El Caño, en Villanueva. El hombre se ganaba la vida vendiendo jugos en los buses intermunicipales. Deja tres hijos, de 16, 7 y 5 años.
Carmen Vivanco Ortiz, tía del vendedor ambulante, asegura que este se ganaba la vida honradamente y que solo pensaba en trabajar duro para darle lo mejor a su familia. Ella asevera que no era un hombre de problemas, y que tampoco tenía amenaza alguna. Por eso cree que el ataque no iba dirigido contra él.
“Yo vivo en Cartagena y me enteré de lo que había pasado varias horas después. Llegué a la morgue de Medicina Legal y allá me confirmaron que era a mi sobrino al que habían matado, que su cuerpo estaba allí”, explica Carmen Vivanco.
Los heridos
Los familiares de los heridos se debaten entre la angustia y la incertidumbre de saber quiénes y por qué atacaron al grupo de hombres reunidos en aquella esquina.
Pascualina Polo, mujer de Félix Berrío, asegura que su esposo, con quien vive en el poblado de Zipacoa, no tenía problemas de ninguna clase y que esta es la primera vez que sufre un atentado. Tampoco sabe contra quién iba el ataque.
Por su parte, los familiares de Richard Miranda se apegan a un milagro. La bala que tiene en la cabeza no se la han extraído. Esperan a que la herida desinflame para poder hacerlo. Está grave.
Las autoridades investigan el hecho para esclarecer los móviles del ataque, hasta ahora desconocidos.