Dos muertos a bala, en Cartagena y Arjona

24 de julio de 2017 12:00 AM

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Aunque Rodrigo Antonio Corrales Ortiz y Fidel Berrío Mendoza encontraron la mala hora en sitios y por razones distintas, sus muertes tienen un común denominador: ambos fueron víctimas de las balas.

El primero pereció días después de resultar herido por una bala perdida en medio de una riña de pandillas en el barrio Boston, mientras que a Fidel Berrío un hombre con el que había tenido inconvenientes le habría cumplido una amenaza de muerte, en Arjona.

Por un lado, está la historia de Fidel. De sus 22 años, había pasado cuatro internado en una prisión tras un proceso penal en su contra, por los delitos de porte ilegal de armas de fuego y porte o tráfico de estupefacientes.

Su encierro recién acabó hace seis meses, y con la disposición de hacerse una nueva vida, empezó a trabajar en un restaurante. Allí hacía las veces de auxiliar de cocina, pero el trabajo le duró poco. Semanas después, dicen sus familiares, llevó un arma de fuego al trabajo y la mostró. Esa acción le costó el puesto.
El joven vivía en Cartagena tras salir de la cárcel, pero desde hace un mes se mudó a Arjona, a casa de su abuela materna. Cuentan que tuvo inconvenientes con un hombre que fue policía y sus parientes aseguran que este lo amenazó de muerte.

Los problemas llegaron a su máximo ayer, a las 2 de la madrugada. A esa hora, Fidel acababa de salir de una fiesta y caminaba por la calle San Roque del barrio Juan Pablo II, en Arjona. Los suyos dicen que se encontró con el hombre con el que tenía problemas y apenas este lo vio, sacó un arma de fuego y le dio varios balazos. “Le dio porque quiso, porque Fidel no le había hecho nada”, indicó un pariente del joven.

Al herido lo llevaron al hospital de Arjona y de allí lo trasladaron al Hospital Universitario del Caribe, en Cartagena. Allí murió a las 8 de la mañana de ayer mismo. Instantes después de la muerte, la abuela materna del joven se enteró que lo balearon. La mujer llegó al hospital y allí se enteró que su nieto estaba muerto. Entró en shock emocional y debió ser atendida por médicos. Hasta ayer no se reportaban capturas por el asesinato y las autoridades investigan qué fue lo que pasó en realidad.

En su casa

De otro lado, está la muerte de Rodrigo Corrales, quien tenía 45 años. Era oriundo de San Andrés de Sotavento, Córdoba, y tenía muchos años en Cartagena. Vendía tintos en las afueras de la sede de una EPS. Vivía con su esposa y sus cuatro hijos en la calle El Lago del barrio Boston. Todos los días salía a las 5 de la madrugada a trabajar, y regresaba a las 6 de la tarde a su hogar.

Familiares contaron que su tragedia ocurrió el 17 de junio, poco antes de las 6 de la tarde. Ese día, el hombre estaba en la entrada de su casa cuando varios jóvenes perseguían a otros. Dicen que uno de los que corría quiso entrar a la casa de Rodrigo, pero este le dijo que no. Mientras cerraba el candado de la reja de entrada de su residencia, se escuchó un disparo. La bala perdida pegó en la reja y luego impactó en el abdomen del vendedor de tintos.

No se sabe cuál de los pandilleros que se peleaban disparó. Al herido lo llevaron a la Clínica Crecer, donde murió el sábado a la medianoche.
“Era muy querido. Gracias a su esfuerzo podía mantener a su familia. No le debía nada a nadie. Él no se metía con nadie, es una gran tristeza”, dijo Federman Almanza, cuñado de la víctima. El cadáver de Corrales será llevado a su natal Sotavento, donde le darán el último adiós.

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