Dos retenidos por crimen de comerciante en El Zapatero

08 de agosto de 2019 12:00 AM

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Los dos hombres que habrían participado en el crimen de Deibi Anaya Cuadro, en el barrio El Zapatero, cumplían órdenes de un supuesto cabecilla del ‘clan del Golfo’.

Así lo informó ayer la Policía Metropolitana de Cartagena, tras asegurar que investigan si los móviles del homicidio serían por tráfico de drogas.

A Anaya Cuadro le disparan a quemarropa y sin mediar palabras el martes en la tarde, cuando está en la puerta de la casa de su mamá, en el barrio El Zapatero. Un hombre que va como parrillero es quien acciona el arma en su contra. Deibi es llevado a la Clínica El Bosque, pero muere a los pocos minutos. Según testigos, el sicario le dispara cuatro veces y dos de los proyectiles son a la cabeza.

En una rápida persecución y un “plan candado” que se extiende al barrio El Bosque, la Policía captura a los presuntos sicarios. Sus nombres, según la Metropolitana de Cartagena, son Osvaldo José Uriel Rodríguez, alias ‘el Matón’; y Édgar Caraballo Blanco, a quienes les inmovilizan la moto, de placa CWK-11D. Las autoridades dicen que en ese vehículo llegan a la casa de Deibi.

De Caraballo, la Policía Metropolitana asegura que tiene dos procesos penales por ejercicio ilícito de actividad monopolista y dos procesos por hurto calificado. Osvaldo José, por su parte, tiene un proceso por hurto calificado y agravado, cinco procesos penales por tráfico de estupefacientes, otro por violación de habitación ajena y uno más por tráfico de armas.

Los retenidos se encontraban ayer en el procedimiento de legalización de captura con la Fiscalía. Uno de los sujetos es presentado con las manos embaladas para verificar si es el que se encarga de accionar el arma homicida.

La Policía de Cartagena dice que el cabecilla de la banda criminal presuntamente ordena el asesinato para evitar que Deibi siguiera distribuyendo sustancias alucinógenas por toda la ciudad sin su permiso.

“Era comerciante”

Una cuñada de Deibi asegura que él no tenía problemas con la justicia y que no se dedicaba a la venta de drogas.

“Él y mi hermana vendían queso, prestaban dinero juntos, también vendían prendas de oro. Él es de una familia humilde. La gente que lo conoce sabe quién era, pero quienes no lo conocen van a creer todas esas cosas y yo estoy pensando en mis sobrinos”, manifiesta la mujer ayer en la tarde.

Ella dice que Anaya no tenía amenazas y que nadie le estaba pidiendo “vacuna”. Al momento del crimen, Deibi está departiendo con algunos familiares y amigos en la casa de su madre.

El fallecido deja tres hijos y sus dolientes piden que su nombre no sea difamado, sobre todo, por respeto a los menores de edad.

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