Hombre muere al caer de un árbol en Lo Amador

13 de enero de 2019 12:00 AM
Hombre muere al caer de un árbol en Lo Amador
El cuerpo de Dautt Torres fue llevado a la morgue del Instituto de Medicina Legal, del barrio Zaragocilla.

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Bocarriba, con la cabeza destrozada en la parte de atrás, Leider Dautt Torres quedó tendido sobre el piso, en la calle Piñango del barrio Lo Amador, en la madrugada de ayer.

Su rostro estaba bañado con la sangre, que le brotaba de su boca y nariz y no hubo algo que pudieran hacer por él cuando los vecinos se dieron cuenta de su tragedia.

La muerte lo arropó en el mismo instante en que quedó allí tendido, mientras estaba en la parte más alta de un árbol del sector. El fuerte golpe hizo que su cerebro dejara de funcionar y enviar órdenes a su corazón, que se paralizó de inmediato.

Las primeras versiones que surgieron con la muerte de Dautt, dejaron entrever que, minutos antes de caer, manipulaba los cables de alta tensión que estaban junto al árbol, en medio de la oscuridad de la zona, cuando el reloj marcaba las cuatro de la madrugada de ayer, y una descarga eléctrica lo alcanzó, provocándole la caída al vacío.

Algunos vecinos aseguraron que Leider acostumbraba a robar los cables de la electricidad; y ayer no fue la excepción, pero sus dolientes se empeñaron en negar esa información y dijeron otra cosa.

Cuando dieron las 10 de la mañana de ayer, sus parientes llegaron a la morgue de Medicina Legal para iniciar los trámites y reclamar su cuerpo. Allí, manifestaron que Leider, como de costumbre, subió al árbol para despejarse.

Según ellos, al fallecido le gustaba treparse en los árboles para molestar y al momento del incidente no se electrocutó, sino que resbaló y cayó golpeándose la cabeza contra el pavimento.

Por su parte, la empresa Electricaribe expresó sus condolencias por el fallecimiento de Dautt Torres.

“Electricaribe lamenta la muerte de una persona esta madrugada en el barrio Lo Amador, al recibir una descarga eléctrica. Versiones iniciales de las autoridades indican que al parecer la persona fallecida estaba manipulando las redes eléctricas”, dijo la organización en la tarde de ayer.

Un ahogado

Una sábana blanca, colgada sobre una pared azul, y una mesa plástica con dos veladoras y un Cristo formaban el pequeño altar con el que esperaban el cuerpo de Plutargo Vega Velázquez, en la sala de su casa, en la calle principal del corregimiento Lomita Arena, jurisdicción del municipio Santa Catalina (Bolívar).

Frente al arreglo estaban sus dolientes y entre ellos sobresalía una mujer. Estaba destrozada y no paraba de llorar, en la mañana de ayer.

Rita Velázquez no podía creer que fuera real lo que le estaba pasando y se rehusaba a aceptar, tan fácilmente, que debía sepultar a uno de sus hijos.

Sin embargo, por más que no quería asimilarlo, debió afrontarlo y se calmó para hablar de lo que pasó con Plutargo el viernes en la tarde.

El hombre salió a buscar agua para una vecina, en un canal que atraviesa dicho corregimiento, y una hora más tarde lo encontraron muerto. Al parecer, le dio uno de los ataques de epilepsia con los que lidió toda su vida y se ahogó.

A las 3 de la tarde del viernes, Plutargo salió de su casa y llegó al canal. Allí, ese día, no había nadie y la suerte no estaba de su lado.

“En ese puente siempre hay mucha gente, pero ayer -viernes- no había nadie. A las 4 de la tarde, un mototaxista lo encontró”, dijo Rita, con tristeza.

La mujer recordó que el motociclista llegó a su casa a decirle que Plutargo había sufrido un ataque, pero en ningún momento le habló de que se había ahogado.

Al llegar al sitio, lo vio tendido sobre el pavimento, inconsciente. De inmediato, empezó a darle respiración boca a boca, pero él no reaccionó. Esa imagen fue desgarradora para ella y no ha salido de su mente, ni un solo segundo.

Rita dijo que el mototaxista lo vio y fue a buscar ayuda para sacarlo, luego le dio la noticia de su hallazgo.

Minutos después de que la mujer llegó al canal, pidió que la ayudaran a trasladarlo al puesto de salud de Lomita Arena, pero en el centro asistencial no estaba el médico y decidieron llevarlo al de Santa Catalina, en donde el galeno de turno confirmó que estaba muerto.

Así, Rita lo llevó a su casa y en la sala empezó a velarlo hasta que llegaran miembros de la Sijín a hacer la inspección técnica del cadáver.

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