Sucesos


Le cae un rayo y lo mata

REDACCIÓN SUCESOS

22 de agosto de 2012 12:01 AM

Jorge Luis Sanmartín Julio no pudo cumplir sus sueños de ser un profesional y brindarle una mejor calidad de vida a su hija, de 4 años.
El lunes, a las 5:30 de la tarde, la muerte le cayó de golpe de la forma que menos esperaba. El joven, de 19 años, cruzaba por el campo de fútbol del corregimiento San Pablo, jurisdicción de Marialabaja, mientras caía un torrencial aguacero. En ese momento un rayo le cayó.
Amigos del joven que estaban cerca lo auxiliaron y llevaron al centro de salud del lugar. De allí lo remitieron en ambulancia al Hospital Local de Marialabaja, pero la tremenda descarga eléctrica fue letal y llegó sin vida.
Allegados a la víctima cuentan que terminó el bachillerato y que quería entrar a estudiar a una universidad y volverse un profesional. Ya había hecho las diligencias para ingresar a estudiar el Sena, pero no pasó. Pese a ello, estaba decido a volver a intentarlo.

Regresaba a casa
Sanmartín Julio era el mayor de dos hermanos y vivía en la calle La Línea en San Pablo. Era soltero.
El día de su muerte llegó al campo de fútbol a jugar un partido en compañía de varios amigos.
Esperaba a un lado del campo a que comenzara el cotejo en el que jugaría, pero este se aplazó por la fuerte lluvia. Por eso, decidió regresar a casa y cruzó por el centro del escenario deportivo. Este sería el error que le costaría la vida.
Mientras cruzaba, le cayó el rayo.  "Nos cuentan que él quedó tirado en el suelo enseguida. No alcanzó a decir nada y el cuerpo quedó botando humo. Parece que lo mató de una vez", explica tristemente Yolima Julio, prima de Jorge Sanmartín, quien es velado en su casa. Se espera que lo entierren hoy en horas de la tarde, en el cementerio de San Pablo.

Piden justicia
A la morgue de Medicina Legal también llegaron los familiares de Diego Pérez Batista, de 26 años. Al joven, tecnólogo en sistemas, lo hallaron flotando el lunes en el Canal del Dique. Su papá, Rafael Pérez Ibarra, dice que el día de su muerte el joven salió parta una fiesta en Villa Rosa, Atlántico, y de regreso a su pueblo, Soplaviento, tumbó una valla publicitaria. “Nos dicen que un vigilante empezó a reclamarle y cuando Diego corrió este llamó a su hijo para que lo persiguiera. Llegó al Canal del Dique y ahí le dieron la pedrada en la cabeza. No sabemos si se la dieron cuando iba en una lancha o estando al borde. Queremos justicia”, dice Rafael Pérez.